jueves, 20 de octubre de 2011

Microcrédito, macro problemas




El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Muhammad Yunus, considerado
el padre del microcrédito, sobreviene en un momento en que el
microcrédito se ha convertido en una especie de religión para muchas
personas con poder, fortuna o fama. Hillary Clinton habla regularmente
sobre su viaje a Bangladesh, patria de Yunus, donde se sintió "inspirada
por el poder de estos préstamos que ayudan incluso a las mujeres más
pobres a iniciar negocios, permitiendo que sus familias -y sus
comunidades- salgan de la pobreza".


Al igual que la liberal Clinton, el neoconservador Paúl Wolfowitz, ahora
presidente del Banco Mundial, también se ha sumado a la religión, luego
de un reciente viaje al estado de Andhra Pradesh, de la India. Con el
fervor del convertido, él habla del "poder transformador" del
microfinanciamiento: "Pensé que quizá éste era un solo proyecto exitoso
en una aldea, pero entonces fui a la aldea siguiente y encontré la misma
historia. Esa noche, encontré más de cien mujeres líderes de grupos de
autoayuda, y me di cuenta que este programa estaba abriendo
oportunidades para las mujeres pobres y sus familias en todo un estado
de 75 millones de personas".


No cabe duda que Yunus, economista de Bangladesh, concibió una idea
ganadora que ha transformado las vidas de muchos millones de mujeres
pobres, y quizás solo por eso, él merece el premio Nobel. Pero Yunus
-por lo menos el joven Yunus, que al inició no contaba con la ayuda de
instituciones globales- no veía su Banco Grameen como panacea. Son
otros, como el Banco Mundial y las Naciones Unidas, quienes lo han
elevado a ese estatus (y, algunos dicen que a Yunus también le han
convencido que es una panacea), de modo que el microcrédito se presenta
ahora como una vía del desarrollo relativamente indoloro. Mediante su
dinámica que establece la responsabilidad colectiva del reembolso de un
grupo de mujeres prestatarias, es cierto que el microcrédito ha
permitido de hecho a muchas mujeres pobres revertir la pobreza aguda.
Toda vez, son principalmente las moderadamente pobres, más que las muy
pobres, quienes se benefician de ello, y son pocas quienes pueden
afirmar que han salido permanentemente de la inestabilidad de la
pobreza. Asimismo, no muchas pretenderían que el grado de
autosuficiencia y la capacidad de enviar sus niños a la escuela, que
resulta del microcrédito, sean indicadores de haber escaldo a niveles de
prosperidad de la clase media. Como lo anota la periodista económica,
Gina Neff, "después de 8 años de pedir préstamos, el 55% de los hogares
de Grameen todavía no puede resolver sus necesidades alimenticias
básicas; de modo que muchas mujeres utilizan sus préstamos para comprar
alimentos, en lugar de invertirlos en un negocio".


En efecto, Thomas Dichter, quien ha estudiado el fenómeno a fondo,
afirma que la idea de que el microfinanciamiento permite que sus
beneficiarios pasen de la pobreza a ser microempresarios está inflada.
Al esbozar la dinámica del microcrédito, Dichter sostiene: "Sucede que
los clientes con la mayor experiencia comenzaron utilizando sus propios
recursos, y aunque no han progresado mucho -y no pueden, porque el
mercado es sencillamente demasiado limitado- tienen un volumen de ventas
suficiente como para seguir comprando y vendiendo, y probablemente lo
harían con o sin el microcrédito. Para ellos, los préstamos se desvían a
menudo al consumo, al contar de pronto con un monto relativamente
grande, un lujo que no les permite su volumen diario de ventas".
Concluye: "definitivamente, el microcrédito no ha hecho lo que la
mayoría de entusiastas del microcrédito pretenden que puede hacer:
funcionar como capital dirigido al aumento de la renta de una actividad
empresarial".


De allí, la gran paradoja del microcrédito, como lo expresa Dichter,
que: "es poco lo que la gente más pobre puede hacer productivamente con
el crédito; y quienes pueden hacer más, en realidad no necesitan tanto
el microcrédito, sino cantidades más grandes, con condiciones de crédito
distintas (a menudo a más largo plazo)".


En otras palabras, el microcrédito es una gran herramienta como
estrategia de supervivencia, pero no es la clave del desarrollo, que
exige no solamente inversiones masivas, intensivas en capital, y
dirigidas por el Estado, para construir industrias, sino también atacar
frontalmente las estructuras de la desigualdad, tales como la propiedad
concentrada de la tierra, que sistemáticamente privan de recursos a los
pobres para escapar de la pobreza. Los programas de microcrédito
terminan coexistiendo con estas estructuras enraizadas, sirviendo como
red de seguridad para la gente excluida y marginada por ellas, sin
transformarlas. No, Paul Wolfowitz; el microcrédito no es la clave para
poner fin a la pobreza que existe entre las 75 millones de personas en
Andhra Pradesh. Siga soñando.


Quizás una de las razones de tal entusiasmo por el microcrédito en los
círculos del establishment, hoy en día, es que se trata de un mecanismo
basado en el mercado, que ha gozado de un cierto éxito, justamente
cuando otros programas basados en el mercado se han estrellado. Los
programas de ajuste estructural que han promovido la liberalización del
comercio, la desregulación y la privatización, han traído mayor pobreza
y desigualdad a la mayor parte del mundo en desarrollo, durante el
último cuarto de siglo, y han convertido al estancamiento económico en
una condición permanente. Muchas de las instituciones que promovieron y
siguen promoviendo estos fallidos macro programas (a veces bajo nuevas
etiquetas como los “Papers’ de Estrategia de Reducción de la Pobreza"),
como el Banco Mundial, son a menudo las mismas que promueven los
programas de microcrédito. En términos generales, el microcrédito se
puede considerar como la red de seguridad para millones de personas que
se encuentran desestabilizadas por las macro fallas a gran escala
engendradas por el ajuste estructural.


Sí se han producido avances en la reducción de la pobreza en algunos
lugares, como China, donde, contrariamente al mito, son las políticas
macro dirigidas por el Estado, y no el microcrédito, el factor central
para sacar de la pobreza a unos 120 millones de chinos.


Entonces, probablemente la mejor manera de honrar a Muhammad Yunus es
decir, sí, él merece el premio Nobel por haber ayudado a tantas mujeres
a hacer frente a la pobreza. Sus acólitos hacen un descrédito a este
gran honor, e incurren en la demagogia, cuando reivindican que él ha
inventado una nueva forma compasiva de capitalismo -el capitalismo
social o el “empresariado social"- que sería la bala mágica para
terminar con la pobreza y para promover el desarrollo. (Traducción: ALAI).



- Walden Bello es profesor de sociología y administración pública en la
Universidad de las Filipinas, y director ejecutivo de Focus on the
Global South. Focus On Trade, # 124, octubre 2006. [Published on Sunday,
October 15, 2006, by The Nation].

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Servicio Informativo "Alai-amlatina"
Agencia Latinoamericana de Informacion - ALAI
info@alainet.org

COMUNICADO: CGAP preocupado por los esfuerzos para quitar al ganador del Premio Nobel Yunus del Grameen Bank

"Estamos profundamente preocupados por la campaña de los últimos meses y las recientes acciones legales para quitar a Muhammad Yunus como director administrativo del Grameen Bank.

Durante los últimos treinta años juntos Muhammad Yunus y el Grameen Bank han sido una fuerza poderosa y símbolo para el movimiento del microcrédito, y para el progreso de los pobres que anteriormente estaban excluidos de los servicios financieros. El profesor Yunus ha sido un pionero en el campo, y sus importantes contribuciones al avance de la causa de las mujeres pobres no bancarizadas deberían ser celebradas por Bangladesh, y la comunidad internacional.

El acceso al crédito puede ser una herramienta valiosa para que los hogares pobres puedan invertir en pequeñas empresas, y verse a través de parches vulnerables. En términos más generales, el acceso a los servicios financieros puede proporcionar importantes beneficios con sólo permitir a las familias pobres gestionar sus finanzas del hogar con mayor eficacia y controlar su consumo, lo que les permite ahorrar para emergencias, pagar las cuotas escolares cuando sea necesario, y hacer frente a enfermedades u otras perturbaciones temporales.

El movimiento del microcrédito realizó una contribución fundamental para demostrar que es posible ofrecer servicios financieros a los pobres a escala, y de una manera sostenible.

La situación actual es dañina no sólo para Grameen Bank y los clientes pobres en Bangladesh, sino también para la industria de las microfinanzas en general.

Casi tres mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a servicios financieros formales, y sigue siendo nuestra prioridad asegurar que las poblaciones antes marginadas de bajos ingresos tienen acceso a toda la gama de servicios que pueden utilizar para invertir, crear bienes, consumo regular y hacer frente a las crisis.

El amplio respaldo internacional que el profesor Yunus ha recibido afirma el importante papel que muchos países ven ahora para la inclusión financiera. También sentimos cada vez más conciencia y comprensión a nivel político en muchos países - entre ellos el G-20 - de lo que la inclusión financiera puede contribuir al desarrollo social y económico.

Esperamos que se alcance un acuerdo que permita al Grameen Bank operar con eficacia, y que las microfinanzas en Bangladesh puedan continuar creciendo y contribuir al desarrollo social y económico del país.

Seguimos centrados y comprometidos en nuestros esfuerzos para ayudar a lograr el importante objetivo de la inclusión financiera universal."

En Washington, DC: Jeanette Thomas, jthomas1@cgap.org

http://www.cgap.org

Acerca de CGAP

CGAP es un centro independiente de política e investigación dedicado a promover el acceso financiero para los pobres del mundo. Es apoyado por más de 30 agencias de desarrollo y fundaciones privadas que comparten una misión común para aliviar la pobreza. Con sede en el Banco Mundial, CGAP proporciona inteligencia de mercado, promueve los estándares, desarrolla soluciones innovadoras y ofrece servicios de asesoramiento a los gobiernos, proveedores de microfinanzas, donantes e inversores. 

Calendario de actividades




Enlace al calendario

El descrédito de un tipo de interés: La Cumbre Mundial del Microcrédito 2011

El origen de la pobreza hay que buscarlo en la propia naturaleza de las relaciones económicas, financieras y mercantiles sobre las que se sustenta el sistema capitalista a nivel mundial. El acceso al endeudamiento no solo no resuelve por si mismo ninguno de los problemas si no que se convierte en una carga, en la mayor parte de los casos, que agrava su situación.
Organizaciones y particulares  estamos siendo invitadas a participar, junto a un “ejercito de activistas y banqueros no convencionales”, en la Cumbre Mundial del Microcrédito 2011, un evento que se desarrollará en Valladolid del 14 al 17 de noviembre y que contará con la presencia de “su Majestad” la Reina Sofía de España, del Premio Nobel de la Paz y Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, Muhammad Yunus (presidente y fundador del Grameen Bank) y de más de 2.000 delegados procedentes de más de 100 países (1).
En cualquier caso si no nos ha quedado muy claro de qué forma los microcréditos “van a relegar la pobreza en el mundo a los museos de historia” como sostiene el propio Yunus en su libro Hacia un Mundo sin Pobreza, nos quedamos bastante más tranquilas si todo esto viene avalado por todo un premio Nobel de la Paz y por personalidades como la Reina Sofía o Hillary Clinton.
Durante estos últimos diez años hemos asistido a todo un bombardeo mediático acerca de las bondades del sistema de microcréditos, especialmente tras la concesión del Premio Nobel en 2006 a M. Yunus, con reportajes de visitas al terreno cubiertas por los medios de Hillary Clinton (Secretaria de Estado del gobierno Obama), con las aportaciones multimillonarias de las Agencias de desarrollo escandinavas, con el apoyo del multimillonario y “filántropo” George Soros (de profesión especulador en los mercados de divisas), del fundador de eBay Pierre Omidyar, de la fundación Mosaic de Bill Gates, de los banqueros internacionales, como el BBVA que cuenta con su propia Fundación de Microfinanzas, o de las obras sociales de las Cajas de Ahorro Españolas, de las grandes empresas como Adidas, Reebok, Intel, las constructoras Veolia y Ferrovial, el grupo químico BASF, y los grandes organismos internacionales como las Naciones Unidas, el Banco Asiático de Desarrollo y el Banco Mundial, intentando convencernos del “lado amable” del capitalismo, de que los pobres tienen también su sitio en una economía globalizada y de que pueden salir de la pobreza convirtiéndose en empresarios (en este caso “empresarias”), haciendo bueno el proverbio chino de dar al pobre la caña de pescar (en este caso a crédito y a un 30% de interés) en lugar de darle el pez.
“Los pobres, nos dice Yunus, son iguales que cualquier otro ser humano, con toda la capacidad que tiene cualquier otra persona,..(¡Y yo que pensaba que eran una casta aparte!)…pero no tienen el mismo apoyo que los demás. Por tanto, son pequeños. Y los miramos como un poco negligentes, No nos sentimos responsables. La pobreza no es creada por los pobres. La pobreza es creada por el sistema que hemos creado alrededor de ellos… (Por un momento creeríamos que Yunus es un radical antisistema)…. Supongamos que las personas que ahora están rechazadas del sistema bancario, se despierten mañana y se enteren de que de repente tienen todo tipo de servicios financieros: tienen tarjetas de crédito, talonarios, cuentas bancarias, la bolsa, pueden hacer todo lo que quieran hacer. ¿Cómo serían sus vidas? ¿Cómo sería su economía? Definitivamente no sería como es actualmente. Su economía estaría en auge, vibrante. Su actividad saldría a chorros  Resumiendo, lo que “supone” Yunus es que para acabar con la pobreza en el mundo basta con darle una tarjeta de crédito y una línea de financiación a un pobre y automáticamente tendrá la capacidad de pasar de ser un pobre “negligente” a un emprendedor de éxito tipo Steve Jobs.
Como prueba de los milagros conseguidos por el sistema de microcréditos y el Grameen Bank en particular, en su lucha de erradicación de la pobreza, Yunus nos presenta una serie de cifras como la reducción de la mortalidad infantil en Bangladesh en un 37 % en los últimos diez años, que el 64% de las prestamistas han abandonado el umbral de la pobreza, que 15.000 personas han dejado la mendicidad gracias a los préstamos del Grameen Bank (muchas de estas, nos dice Yunus con optimismo, ya están en su segundo o tercer préstamo, a nosotras este dato nos hace sospechar de ese endeudamiento sucesivo…), de su programa que llega a 100.000 personas consistente en proporcionarles artículos de venta puerta a puerta, para que no se dediquen únicamente a pedir una limosna. Para Yunus, la limosna es algo positivo (no es la intención del Sr. Yunus poner en duda el tercero de los cinco pilares del Islam, -religión mayoritaria en Bangladesh-, el zakaat) pero esta impide que los beneficios puedan volver al donante, y por tanto servir al bien común en un futuro. El Sr. Yunus debería añadir que vuelven al donante con intereses, lo cual le ha acarreado bastantes críticas entre los líderes islámicos de Bangladesh, el cobro de intereses -riba- está perseguido por el Corán, no así por la banca internacional: Como indica el Wall Street Journal:
“Lo que comenzó como un experimento social para ayudar a los más pobres del mundo también ha demostrado que puede obtener algún beneficio. Ha atraído a los fondos de capital privado y otros inversionistas extranjeros, que han derramado miles de millones de dólares en los últimos años en todo el mundo de las microfinanzas”.
Resumido en siete claves, el decálogo de la microfinanciación (3) se presenta a si misma como el mejor de los instrumentos para erradicar la pobreza en el mundo:
  • El microcrédito permite que sean las personas más desfavorecidas las que a través del endeudamiento, se conviertan en pequeñas empresarias y salgan por sus propios medios de la miseria,
  • “Ellas” son mejores pagadoras así que convirtiendo a las mujeres en “clientes preferentes” al endeudamiento, resolvemos el rasgo de género asociado a la pobreza.
  • El derecho al endeudamiento se convierte en derecho básico de las personas, al mismo nivel que el derecho a la salud, a la alimentación, a la educación o a disponer de una vivienda digna.
  • Las personas que acceden a los microcréditos ven aumentada su dignidad.
  • Los microcréditos son un instrumento para la canalización de fondos de ayuda al desarrollo y de la cooperación internacional.
  • El derecho al microendeudamiento es uno de los objetivos del milenio.
  • El desarrollo de los microcréditos contribuye al desarrollo de los países emergentes.
El efecto positivo de la red de microcréditos se traslada así, a la economía productiva del país, con tasas de crecimiento del PIB cercanas al 6% para 2011, otros achacan este crecimiento a la llegada de maquilas que fabrican para las grandes firmas de ropa, a costa de uno de los salarios más bajos del mundo, lo cierto es que Bangladesh sigue siendo el país con un mayor índice de pobreza de Asia tras Afganistán, eso sí su Índice de Desarrollo Humano ha experimentado una leve mejoría en los últimos años.
¿Que cómo ha conseguido el Banco Grameen convertir los microcréditos en un instrumento que está cambiando las vidas de los pobres radicalmente (sic)?:
Mediante los más de dos mil millones de euros que ha prestado a ocho millones de pobres, el 97% mujeres, en los últimos 20 años. Desde sus inicios el Grameen Bank descubrió que ellas no tenían acceso a préstamos bancarios, no sólo las pertenecientes a los sectores más bajos si no también las de clases pudientes cuando no contaban con el respaldo de un hombre. Estas además, tenían un ratio de morosidad inferior al 2%. El sistema de la banca de Yunus se basa en la confianza, sin garantías.
El Grameen Bank tiene además una sucursal en Estados Unidos, Grameen America, que opera en el barrio de Queens (Nueva York) y en Omaha desde 2008, dando préstamos principalmente a madres solteras para empezar pequeños negocios.
Habría que aclarar que cuando se habla de confianza en la persona, en realidad se está hablando de la confianza del grupo en la mujer endeudada, (normalmente un grupo de cinco mujeres que se controlan mutuamente para que todas paguen), ya que si alguna no devuelve el préstamo será el grupo entero el que se hace responsable del pago del mismo. Es decir, que aunque en principio no se requiere un bien que sirva como aval, es el grupo entero el que actúa como avalista. Desde el Grameen Bank, se fomenta además que los grupos de mujeres adquieran participaciones del Banco. Yunus nos presenta el Grameen Bank como un ente articulado por grupos de mujeres, que se ofrecen como garantía de los préstamos tomados por algunas de ellas que eligen democráticamente a otra como líder del grupo y que toman parte de las decisiones en el consejo de dirección del banco.
Grameen Bank no sólo ofrece préstamos para emprender negocios, también da créditos a la vivienda, mediante préstamos a una media de 300 $ (uno se pregunta qué clase de vivienda se puede construir alguien con 300$, aunque sea en Bangladesh), préstamos para el estudio, para operaciones médicas y tratamientos de salud, préstamos para la adquisición de ordenadores y otros aparatos relacionados con las TIC con el fin de llevar la tecnología de la información y la telefonía móvil a los pobres (y de paso abrir nuevos mercados para Apple, Motorola, Intel, Microsoft..)
En la ponencia (1) que va a Presentar M. Yunus en el Congreso de Valladolid, se plantea como novedad en el campo de los microcréditos y de la economía social, la alianza con transnacionales y otras corporaciones para acelerar el fin de la pobreza, redefiniendo el concepto de empresario que ofrece la teoría del liberalismo económico, resumida en la idea de que la principal motivación que tiene el empresario es la de maximizar su propio beneficio individual. Según Yunus, los empresarios tienen (o pueden tener) dos tipos de motivaciones, maximizar los beneficios y aumentar el bienestar de la comunidad. Lo que Yunus plantea, es que este segundo tipo de motivación puede convertir al empresario (desde el pequeño comerciante de barrio a las grandes corporaciones transnacionales) en un agente de la economía social que mejore las condiciones de vida de la comunidad en la que se implante.
Dentro de la estrategia de coaliciones con las grandes corporaciones, el Banco Grameen acaba de firmar un acuerdo con Danone, creando una joint venture: Grameen Danone Foods Limited, que creará un nuevo producto lácteo, más barato que el yogur tradicional, que no necesita refrigeración y que tampoco necesita de una cuchara para consumirse (los pobres no tienen cubiertos). También ha firmado otro con Reebok para fabricar calzado “low cost” para los más pobres, como se ha encargado ésta de publicitar dentro de su política de responsabilidad social corporativa. Yunus en su ponencia dice, que Reebok se ha propuesto la meta altruista de que ningún ser humano vaya sin calzado, incluso los más pobres, para protegerles del parásito Ancylostoma duodenale que se introduce en el organismo a través de la epidermis. Nada sabemos de las condiciones laborales y sanitarias de las personas que fabriquen ese calzado a tan bajo coste.
En la Ponencia de Valladolid Yunus nos presentará los grandes beneficios y oportunidades que traerá la coalición con otras multinacionales como BASF, Intel, Felisimo, y los futuros acuerdos que están en marcha con multinacionales del sector energético y de la construcción, aun por definir.
Lo cierto es que la cumbre no se va a celebrar en el momento de mayor popularidad para la política de microcréditos, tras la emisión el mes de febrero de 2011 del documental noruego “Caught in Micro-Debt” denunciando las aportaciones multimillonarias de las agencias de desarrollo noruega y sueca a los programas de microcréditos, y el desvío de parte de esos fondos con el fin de evadir impuestos y aportando pruebas de las presiones que sufren las mujeres endeudadas, el círculo de endeudamiento que provoca en muchos casos la necesidad de pedir préstamos a los usureros locales y los casos de suicidio como la cara oculta del negocio de la microfinanciación.
A la emisión de este documental en Noruega y Suecia, que aquí se emitió en el programa de Documentos TV de La 2 este mes de julio, siguió la destitución por parte del Banco Central de Bangladesh de Yunus como director gerente del Banco Grameen por superar la edad de jubilación y para iniciar un periodo de verificación del papel del banco y de las fundaciones y asociadas para someterlas a regulación. Desde el entorno del GB se defendían alegando que la verdadera razón del acoso a Yunus era el temor del Gobierno de su popularidad y de que éste pueda iniciar una carrera política. Soraya Rodríguez (4) habló personalmente con Yunus en el mes de marzo para mostrarle su apoyo en esos momentos difíciles, Según Yunus en declaraciones a EFE, la propia Reina Sofía le ha mostrado también su apoyo.
Yunus había transferido secretamente fondos recibidos de la Agencia de Cooperación Noruega del Grameen Bank a otra entidad paralela del banco de reciente creación, contraviniendo los requisitos de la donación de que esos fondos se iban a destinar a programas de financiación de viviendas sociales.
El Grameen Bank ha alegado a las acusaciones del documental que el desvío de fondos se realizó por motivos fiscales (para ahorrar impuestos con la entidad de nueva creación) y que esos fondos serían empleados en programas de ayuda a los pobres en un futuro.
En el documental se muestra además cómo se transfieren 8,3 millones de dólares a Grameen Telecom y Grameen Phone, entidades que forman parte del entramado empresarial del Grameen Bank y cuya gestión está dirigida a la generación de beneficios y no tiene ningún fin social.
Desde entonces los escándalos y acusaciones a los programas del Banco de Yunus no han dejado de producirse. A finales del pasado mes de enero, la empresa textil Grameen Knitwear (5) tuvo que cerrar indefinidamente debido a las protestas de las trabajadoras (unas dos mil) que demandaban mejores salarios. No es de extrañar que desde la Agencia de Cooperación Española, principal apoyo de la cumbre, Soraya Rodríguez se muestre preocupada y en declaraciones a Europa Press haya señalado “esperamos que pueda acabar bien esta situación no deseada y ciertamente complicada por la que pasa esta importante institución y que el episodio sea parte del pasado cuando estemos celebrando la Cumbre Mundial de Valladolid”
En cualquier caso, el cuestionamiento que se viene haciendo de la política de microcréditos no viene de los últimos meses, ni se circunscribe exclusivamente al Grameen Bank y a Yunus. Lo que numerosas voces críticas vienen denunciando desde hace 20 años es que se presente el endeudamiento masivo, en muchos casos como un círculo vicioso, haciéndonos creer que los pobres pueden gastar indefinidamente lo que no tienen, y que además es esta la solución a la falta de derechos básicos de la población como la sanidad y la educación (pedir un préstamo para poder estudiar o para el tratamiento de una enfermedad). La paradoja es que los países y particulares donantes dejan de aportar fondos para educación o sanidad para transferirlos a las entidades bancarias que están financiando la educación y la sanidad (privadas) a personas que no tienen acceso gratuito a las mismas.
La máxima del liberalismo económico, de que es el mercado (financiero en este caso) el que resuelve el problema de la reasignación de los recursos, mediante la “mano invisible” y el interés individual, puede por tanto servir también para mejorar el bienestar de las capas más bajas dotándole de recursos de los que carece. El fracaso de las políticas de microcréditos se basa precisamente, (como en gran medida la de las grandes políticas de ayuda al desarrollo) en que no abordan la cuestión de cuales son las raíces de las desigualdades y de la pobreza, y pasan por encima de las causas socio-políticas y culturales de la desigualdad. El origen de la pobreza hay que buscarlo en la propia naturaleza de las relaciones económicas, financieras y mercantiles sobre las que se sustenta el sistema capitalista a nivel mundial. El acceso al endeudamiento no solo no resuelve por si mismo ninguno de los problemas si no que se convierte en una carga, en la mayor parte de los casos que agrava su situación.
En Estados Unidos miles de familias se encuentran atrapadas en un “carrusel” de deudas derivadas del uso de las tarjetas de crédito, especialmente entre sectores de la población con una cultura financiera más baja, y que desconocen los altísimos intereses que graban los descubiertos en sus tarjetas, que han servido para financiar la compra de bienes que no necesitan. Es ese mismo desconocimiento de las consecuencias del endeudamiento lo que lleva, en los países del sur a las personas que acceden a microcréditos a iniciar una espiral de endeudamiento.
Volviendo de nuevo al caso de GB, Yunus nos dice que el 98% de las personas que reciben un préstamo lo devuelven, los pobres (las pobres más bien) siempre pagan, cabría pensar en un final feliz en el que la persona que recibió el préstamo consigue sacar un rendimiento de su inversión para el crédito y los intereses, pero lo que no nos cuenta la publicidad del GB es la verdad que se oculta detrás de esa baja tasa de morosidad.
Lo cierto es que tras un periodo de malas cosechas, por inundaciones o sequía, o porque la mujer tuvo que gastar el dinero en alimentos para la familia en lugar de hacerlo en la inversión, se inicia una presión de los agentes del GB para que se paguen las cuotas. Cuando una mujer no puede pagar el préstamo, es el grupo de mujeres que la avala el que se hace cargo de la deuda, mujeres que se encuentran como la prestataria, en una situación económica muy precaria, y que supone la ruina para todas ellas, lo que ocasiona el deterioro de la convivencia dentro de la comunidad. Esto ahorra al GB el papel del “malo” (el ejecutor del préstamo) que es asumido por el resto de las mujeres, por lo que aunque el préstamo a GB haya sido devuelto por el grupo de mujeres (al tiempo que ese préstamo pasa a ser para la propaganda del banco, uno más del 98% de préstamos devueltos) éstas, exigen a la prestataria su devolución. Si no tiene bienes materiales que vender, se endeuda nuevamente, muy frecuentemente con usureros locales para devolver el dinero. Si la familia tiene bienes, los venderá para hacer frente al pago. Los bienes que GB nos dice que no exige a sus prestamistas acaban sirviendo para devolver la deuda y sus propias vecinas acaban haciéndose con los animales, la casa o las tierras, incluso por pequeños préstamos. En otros casos, como nos cuentan en el documental de “Caught in Micro-Debt”, la presión conduce a las mujeres al suicidio o a la prostitución.
Estas son las consecuencias después de 30 años del milagro de los microcréditos en la lucha contra la pobreza, un sistema financiado por occidente, miles de familias (6) campesinas han perdido sus tierras, convirtiendo a sus miembros en jornaleros u obligados a emigrar a las ciudades, a la construcción en condiciones de semi-exclavitud en los países del golfo, o como ilegales hacia Europa.
A pesar de que no se ha aportado una sola prueba de que las políticas de microcréditos hayan supuesto una mejora real de las condiciones de vida de las personas más desfavorecidas y de las evidencias contrastadas de las situaciones de ruina económica a la que conduce el endeudamiento, en Valladolid se va a celebrar una Cumbre Mundial del Microcrédito vacía de todo análisis crítico, en la que no se hará ninguna referencia a los efectos negativos del “micro-endeudamiento”, por lo cual denunciamos la utilización de la Cumbre para promocionar un instrumento financiero en medio de una gran crisis económica mundial originada, mantenida y aprovechada por la economía financiera especulativa y sin rostro humano, que es más una oportunidad de negocio para las grandes corporaciones bancarias y empresariales y que sirve para eliminar la responsabilidad política que tienen los gobiernos a la hora de garantizar a todos los pueblos, y especialmente a los más empobrecidos, a los derechos básicos de las personas como son la alimentación, la salud, la educación y el derecho a una vivienda digna.

Marcos Pérez-SODEPAZ BALAMIL
Ilustraciones de Alejandro Romera

Los Microcréditos: Mercantilizando la pobreza

¿Por qué nos oponemos a los sistemas de microcréditos? ¿Por qué pensamos que el Congreso Mundial sobre microcréditos que se celebrará en Valladolid en el mes de noviembre es una pantomima más de un sistema capitalista que hoy mercantiliza la solidaridad…. ?
  • Sus principales beneficiarios no son los más pobres, vulnerables y excluidos en los países en desarrollo.
  • La idea matriz sobre la que se cimentan los microcréditos –los pobres pueden gastar indefinidamente más de lo que tienen- genera una falsa comprensión de las verdaderas causas de los desequilibrios sociales y económicos en el mundo y la manera de abordarlos, pero también de la arquitectura institucional global instaurada para entender y afrontar estos problemas humanos.
  • El discurso emergente de los microcréditos se basa en la idea de que es el mercado bancario el que se tiene que encargar de la pobreza.
  • Sería una manera de privatizar la pobreza.
  • Encubren las verdaderas causas de la pobreza y el subdesarrollo y convierten a los pobres en responsables últimos y directos de sus situación.
  • Son un arma eficaz para desmantelar el compromiso político y ético que tenemos.
  • Sirven para desactivar las políticas de cooperación internacional transformándolas en políticas de bancarización y convirtiendo la pobreza en deuda eterna.
  • La transformación de pobreza en deuda, defendida por los partidarios de los microcréditos, se apoya en un darwinismo social según el cual aquellos que estén en situación más precaria y vulnerable lo están porque no han querido o podido endeudarse.
  • El endeudamiento hace mucho más vulnerables a quienes menos tienen.
  • Dicen que los microcréditos son tan buenos que su morosidad es bajísima, lo que demuestra que los pobres siempre pagan. Con esta tesis se les exigen unos valores morales muy superiores a los del resto de la población mientras que a los no pobres se les permite no ser tan buenos pagadores.
  • Además, el propio Grameen Bank, que declara una tasa de devolución del 98% en sus informes, cuenta con otros informes que la morosidad es del 25%… hasta el punto de imponer seguros sobre los familiares de los endeudados para que, en caso de fallecimiento, sean los dolientes quienes asuman el pago de los créditos contraídos.
  • El argumento de que los microcréditos convierten a los pobres en responsables de su propio desarrollos los convierte a su vez en culpables de su supervivencia, anulando el papel de los Estados, gobiernos y comunidad internacional.
El fracaso de las políticas de microcréditos se basa precisamente, (como en gran medida la de las grandes políticas de ayuda al desarrollo) en que no abordan la cuestión de cuales son las raíces de las desigualdades y de la pobreza, y pasan por encima de las causas socio-políticas y culturales de la desigualdad. El origen de la pobreza hay que buscarlo en la propia naturaleza de las relaciones económicas, financieras y mercantiles sobre las que se sustenta el sistema capitalista a nivel mundial. El acceso al endeudamiento no solo no resuelve por si mismo ninguno de los problemas si no que se convierte en una carga, en la mayor parte de los casos que agrava su situación.

Cuidado con los microcréditos

Los microcréditos no son más que créditos pequeños. Los hay de muchas variedades, basta con que preguntéis en vuestra caja de ahorros: distintos tipos de interés, distintos destinatarios, distintos condicionantes. Los ofertantes de microcréditos dicen dirigirse a “los pobres”, personas situadas al margen del crédito ordinario o macrocrédito; dicen no exigir avales; y aseguran que prácticamente no existe morosidad. Vaya, que son la salvación del mundo. Luego analizaremos la ideología, detengámonos ahora en los promotores, en sus objetivos y en sus fines.
Los grandes promotores de microcréditos son los gobiernos del Norte y los bancos. El objetivo de ambos es afianzarse en el poder político y económico, como resulta obvio; y sus fines son siempre maximizar el beneficio. Dado que ni bancos ni gobiernos se han trasmutado en organizaciones de caridad, los fines y los objetivos que persiguen con los microcréditos son idénticos a los que persiguen con los macrocréditos. Por lo tanto, hay que sacar una primera conclusión: los microcréditos forman parte del “sistema” en el que se insertan. Puede que sean buenos o malos; eso es indiferente. Pero hay que tener una prevención: ¿qué buscan los promotores cuando piden el aval de las asociaciones solidarias para mostrar la bondad de los microcréditos? Aunque sólo sea por prudencia, yo reclamo que las asociaciones solidarias de las que formo parte no se avengan a prestar ese aval.
Por otra parte, este asunto me genera una sospecha: ¿No será que la abundancia de dinero en el mercado necesita nuevos nichos donde colocarse, roto el saco de las hipotecas basura? Si así fuese, el aval que se nos pide lleva consigo una trampa muy peligrosa. Me resisto aponer la cara de mis asociaciones solidarias para que “los pobres” confíen más fácilmente en quienes les ofrecen su salvación mediante el crédito. Si es algo bueno, que toda la rentabilidad sea para gobiernos y banqueros. Si resultase tramposo, que no sean nuestras asociaciones las responsables.
Si nos fijamos en las justificaciones ideológicas que los ofertantes de microcréditos nos dan, el asunto se pone claramente en contra de banqueros y gobernantes. Dicen que los microcréditos sacan a los beneficiarios de la pobreza, pero se resisten a hacer cualquier análisis que lo demuestre. Por lo pronto, vemos que, agotado un crédito, necesitan otro para seguir subsistiendo y, así, se origina una nueva dependencia sin que “el sistema” se resienta lo más mínimo.
Dicen que beneficia especialmente a las mujeres, porque son éstas las que mayoritariamente recurren al crédito, pero ocultan que la deuda lo que hace es añadir una nueva angustia a las mujeres y madres, que ahora, junto a todas sus obligaciones domésticas anteriores, tiene que trabajar sin descanso para pagar la cuota crediticia a fin de mes, como le pasaba, por ejemplo, a Sandra Benita, la mexicana divorciada y madre de dos hijas, que montó una panadería y se convirtió en el nuevo “hogar” para ella y para sus dos hijas a causa de una trabajo sin descanso, según nos cuenta Carlos Gómez Gil. Lejos de liberar a las mujeres, un microcrédito capitalista no hace sino someterlas más.
El razonamiento de los amigos del microcrédito termina transfiriendo la responsabilidad de la pobreza a los pobres y, de esa manera, exonera a los Estados de sus obligaciones. Ya no tienen que preocuparse de la educación, ni de la salud, ni de aportar agua potable, ni de proporcionar cobijo, porque todo eso lo hace el microcrédito. ¡La perfección del neoliberalismo. Es imposible mayor descaro!
Han llegado a decir que el microcrédito es un derecho humano o que forma parte de los Objetivos del Milenio. Todo ello es falso: no hay declaración alguna de derechos que contemple semejante cosa, ni hay una sola palabra sobre esto en la Declaración del Milenio del 8 de septiembre del año 2000. Lo malo es la consecuencia que se sigue del razonamiento: si el microcrédito garantiza los derechos humanos, los Estados se ven libres de luchar contra la pobreza, no tienen que practicar ninguna otra cooperación internacional y pueden dejar a un lado el compromiso de aportar el 0,7 por 100 de sus presupuestos para construir equidad en el mundo. ¡Qué perfectos les resultan los microcréditos a sus promotores!
Aunque sólo fuese por estas sospechas y por estos razonamientos, las asociaciones solidarias deberían estar al margen (si no, en contra) de cualquier Congreso de Microcréditos que gobernantes y banqueros quieran organizar.
Tenemos, además, una alternativa. Se llama banca ética en manos de las personas, insertada en la rueda solidaria de una producción cooperativa, un comercio justo y un consumo responsable. Esto sí que es otro mundo, no el aislado microcrédito.
Marcelino Flórez.
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