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jueves, 3 de noviembre de 2011

Cumbre crítica contra los microcréditos

Los abajo firmantes queremos posicionarnos contra la celebración de la Cumbre del Microcrédito que tendrá lugar en nuestra ciudad del 14 al 17 de noviembre. Hemos reflexionado sobre la celebración de este encuentro fastuoso en una época de recortes continuos de las condiciones de vida de la ciudadanía española y, como no, de la solidaridad internacional. También hemos acumulado argumentos contra el impacto que este nuevo modelo de implantación bancaria tendrá sobre todos los pueblos, ricos y pobres, ya que tiene vocación de llegar a todos los confines del mundo para bancarizar la pobreza histórica y también la nueva pobreza que la propia banca está creando en nuestro “primer mundo”.
Nuestro objetivo es contraponer nuestras razones a la ofensiva a favor del microcrédito que tendrá lugar en Valladolid de la mano de la Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y de las Instituciones de Valladolid y de Castilla y León. También queremos compartir nuestras razones con la ciudadanía y por este motivo hemos convocado una Cumbre crítica que tendrá lugar en Valladolid el próximo 12 de noviembre con la presencia de destacados militantes en los movimientos económicos alternativos y que tiene que servir para reflexionar acerca de los motivos por lo que debemos oponernos a la campaña a favor de los microcréditos.
Nuestro eslogan “Microcréditos, no piques” resume el mensaje que queremos transmitir a la ciudadanía española, próximo objetivo de esta nueva cruzada bancaria. Porqué, ¿son los créditos bancarios la solución para salir de la pobreza?. Que lo digan todos los hipotecados que están sufriendo desahucios en los últimos meses en nuestro país. Los colectivos que formamos la Coordinadora “Microcréditos, no piques” negamos que la BANCA pueda estar interesada en que desaparezca la pobreza del mundo. La banca, pilar del sistema capitalista, siempre busca expandir su negocio y su beneficio y no dudará en engañar a sus potenciales clientes, porque ha demostrado que la banca nunca pierde. Lo que ocurre es que en estos momentos, tiene que recurrir al “microcrédito” porque durante años ha colaborado tanto en incrementar la pobreza en todo el planeta,
que los trabajadores y trabajadoras del “primer mundo” ya no pueden endeudarse mas y por ello la banca tiene dificultades en seguir consiguiendo créditos y se inventa el apelativo “micro” para así ampliar los potenciales clientes del negocio.
Más dramático nos parece aún el caso de querer extender el microcrédito a los países más desfavorecidos. Sus consecuencias negativas ya las estamos comprobando en la actualidad. Algunas de esas consecuencias son :
∗ Transfieren la responsabilidad de la pobreza a las propias personas empobrecidas, especialmente a las mujeres, y exonera de esta situación a los países ricos que hemos expoliado históricamente a los pueblos más desfavorecidos. La filosofía de los microcréditos es “sal de la pobreza tú mismo” eludiendo hacer un análisis de las causas de la pobreza y evitando reconocer que la pobreza es inherente a este sistema de explotación económica. El capitalismo necesita pobres, como necesita parados.
∗ Sirve de excusa a los Estados para desviar la Ayuda al Desarrollo hacia la concesión de créditos y no a atender a las necesidades básicas y a los proyectos transformadores y sostenibles que defienden las asociaciones de cooperación al desarrollo. En este sentido queremos denunciar también que la celebración de la Cumbre del Microcrédito de Valladolid va a ser un ejemplo de desvío de fondos   destinados a la cooperación para un evento alejado completamente de los objetivos de la ayuda al desarrollo.
∗ Provoca un endeudamiento permanente y creciente de las personas que recurren a  los pequeños créditos. Esto se ve agravado por los intereses que se cobran por los préstamos, que son verdadera “usura” y que van desde el mínimo del 20 hasta el 80 por 100, dependiendo de los casos.
∗ Por el riesgo de que estas prácticas se generalicen en todo el mundo, como parece intentar la Cumbre de Valladolid, y que aterricen en lugares donde ni tengan conciencia siquiera de los riesgos que comportan por falta de cultura del préstamo.
Por todos estos motivos nos mostramos completamente contrarios a la celebración de la Cumbre del Microcrédito en Valladolid y EXIGIMOS:

 
• Que los Gobiernos mundiales pongan coto a las prácticas usureras de la    

     banca  internacional tanto en la concesión de los créditos normales como   
     en la política de “microcréditos”.
• Que la Agencia de Cooperación al Desarrollo evite desviar los fondos, que   

    deben estar destinados a la solidaridad con los pueblos menos favorecidos, 
    a la concesión de cualquier modalidad crediticia y, por supuesto, a la   
    celebración de eventos internacionales innecesarios y con la participación 
    de entidades y organizaciones de dudoso interés social y nulo interés por la 
    erradicación de la pobreza en el mundo.
• Que los Gobiernos sigan profundizando en los Objetivos del Milenio con 

   ayudas para lograr desterrar los graves problemas de la pobreza en el    
   Mundo y que se destine cada vez más parte de nuestros impuestos en 
   devolver a los países menos favorecidos los recursos que les hemos 
   esquilmado durante décadas.
• Que el Gobierno español mantenga las condiciones de vida de la población de
    nuestro país, mediante el impulso del empleo y el mantenimiento de los 

    servicios públicos básicos, así como con ayuda a los desempleados y 
    desempleadas, para evitar que haya nuevos “pobres” a los que captar con  
    las redes del “microcrédito” como ya está ocurriendo.
 
La Plataforma “Microcréditos, no piques” de Valladolid está formada por los
siguientes colectivos: Solidaridad para el Desarrollo y la Paz Sodepaz BALAMIL,
CGT, CNT, Federación de Asociaciones de Vecinos y Vecinas, Ateneo Republicano, Entrepueblos, Comité Oscar Romero, Ecologistas en acción, Izquierda Unida, Alternativa Universitaria y Sonríe y Lucha.


Manifiesto pdf

viernes, 28 de octubre de 2011

Contracumbre Microcréditos, 12 de Noviembre No Piques!

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12 de NOVIEMBRE C.C. CAMPILLO, VALLADOLID

Programación

11:00 a 12:30
"La Crisis económica actual. Contexto internacional"

A cargo de Tom Kucharz de Ecologistas en Acción

12:30 a 14:00

"De la Crisis a la deuda: EL engaño de los Mìcrocréditos"

A cargo de Endika Alabort
de ICEA 
(Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión)

 Comida compartida ---

17:15 a18:3O
"Los Microcréditos: Experiencias en el Sur"
A cargo de Alfonso Cotera de GRESP (Perú)

18230 a 20:00
"Algunas Alternativas"  a cargo de Manolo Saez de Baladre

20:00 en la Plaza España

Concentración de Tambores y Cazuelas contra la Usura

http://mìcrocreditosnopiques.blogspot.com/





Descargar volatina

 










lunes, 24 de octubre de 2011

"Ciclo de Teatro, pobreza y microcréditos" (24 de octubre - 9 de noviembre)


Con la colaboración de la AECID/SECI


El próximo mes de noviembre Valladolid acogerá la Cumbre Mundial del Microcrédito, en la que expertos de prestigio mundial, así como Jefes de Estado y de Gobierno analizarán la situación de los microcréditos en el mundo.


La Universidad de Valladolid ha organizado una serie de actividades paralelas, con el objetivo de profundizar en el análisis y el debate crítico sobre la cuestión de las microfinanzas, la pobreza y el desarrollo.
Este Ciclo de Teatro tiene como objetivo principal sensibilizar a través de una puesta en escena que representa las desigualdades existentes a nivel mundial y los microcréditos como una posible solución para combatir la pobreza. continuación de la puesta en escena se llevará a cabo una breve conferencia en el marco de los contenidos mostrados en la representación teatral que incluye un espacio de reflexión y debate.


Las compañías que participan en este Ciclo de teatro son Mercucho Producciones SL, Popopopo Producciones Creativas y Asamblea de Cooperación por la Paz.



Fechas: 24 de octubre al 9 de noviembre.
Horario: de 17:30 a 19:30 horas.
Lugares: Facultad de Filosofía y Letras, Escuela Universitaria de Estudios Empresariales, Escuela de Ingenierías Industriales y Facultad de Educación y Trabajo Social.

Entrada libre hasta completar aforo.

Programa:

Semana del 24 al 27 de octubre: Facultad de Filosofía y Letras y Escuela de Empresariales.

Lunes 24 octubre a las 12h y 17h. Teatro de calle por la compañía Telón de Azúcar (zona exterior de Filosofía y Empresariales).

Martes 25 octubre a las 17:30h. Representación teatral por la compañía Telón de Azúcar. Lugar: Facultad de Filosofía y Letras (Aula Magna "Lope de Rueda").

Miércoles 26 octubre a las 12h y 14h .Teatro de calle por la compañía Telón de Azúcar (zona exterior de Filosofía y Empresariales).
A las 17:30h Teatro Fórum por Asamblea de Cooperación por la Paz. Lugar: Facultad de Filosofía y Letras (Aula Magna "Lope de Rueda").

Jueves 27 octubre a las 12h y 14h Teatro de calle por la compañía Popopopo (zona exterior de Filosofía y Empresariales)
A las 17:30h actuación teatral por la compañía Popopopo. Lugar: Escuela de Empresariales (Aula 02).


Semana del 2 al 4 de noviembre: Escuela Ingenierías Industriales.

Miércoles 2 noviembre a las 12:30h y 17:30h. Teatro de calle por la compañía Popopopo (zona exterior de Ingenierías Industriales)
A las 18h Teatro Fórum por Asamblea de Cooperación por la Paz. Lugar: Escuela Ingenierías Industriales (Salón de actos).

Jueves 3 noviembre a las 12:30h y 17:30h. Teatro de calle por la compañía Telón de Azúcar (zona exterior de Ingenierías Industriales)
A las 18h representación teatral por la compañía Popopopo. Lugar:Escuela Ingenierías Industriales (Salón de actos).

Viernes 4 noviembre a las 18h representación teatral por la compañía Telón de Azúcar. Lugar: Escuela Ingenierías Industriales (Salón de actos).


Semana del 7 al 9 de noviembre: Facultad de Educación y Trabajo Social.

Lunes 7 noviembre a las 12h y 17h Teatro de calle por la compañía Popopopo (zona exterior de la facultad de Educación y Trabajo Social)
A las 17:30h actuación teatral de la compañía Telón de Azúcar. Lugar: Facultad de Educación y Trabajo Social (Salón de actos)

Martes 8 noviembre a las 17:30h actuación teatral de la compañía Popopopo. Lugar: Facultad de Educación y Trabajo Social (Salón de actos)

Miércoles 9 noviembre a las 17:30h Teatro Forum por Asamblea de Cooperación por la Paz. Lugar: Facultad de Educación y Trabajo Social (Salón de actos)

jueves, 20 de octubre de 2011

Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos

Los microcréditos están de moda y su utilización indiscriminada en los discursos y en los mismos proyectos de solidaridad internacional parece un signo de modernidad incuestionable, que está siendo ampliamente respaldado por instituciones financieras, bancarias y multinacionales extraordinariamente poderosas. Los defensores de estos microcréditos alegan que son un instrumento ideal para los pobres, ya que al solicitarlos, tienen en su mano la posibilidad de salir de la situación de pobreza extrema en que se encuentran. Al mismo tiempo, avalan la bondad de su uso con argumentos de que en su mayor parte son solicitados por mujeres y que sus solicitantes son puntuales pagadores, registrándose unos índices de morosidad prácticamente nulos, lo que demostraría, a su juicio, la capacidad de los mismos pobres por salir de su situación de miseria. Incluso se llega a decir que en tanto que no son limosnas ni subsidios, aquellos que los han solicitado ven elevada su dignidad de forma automática al tiempo que los préstamos no se dirigen hacia sectores estratégicos de la economía, sino que sirven para financiar actividades en sectores prioritarios para la población más desasistida.
En fin, lo que no se comprende bien es que tal cúmulo de bondades como parecen reunir los microcréditos no hayan sido descubiertas antes, porque a juzgar por los defensores de semejantes panegíricos, son tantos los millones de personas que han salido de forma fulminante de la pobreza que prácticamente ya no quedarían en el mundo pobres, sino ignorantes desconocedores de estos milagrosos créditos o gente abandonada y abúlica, incapaz de endeudarse para cambiar así su destino.
El objetivo del presente artículo es someter a un análisis pormenorizado algunos de los principios conceptuales que se han construido en torno a los microcréditos por parte de sus máximos defensores, bien sean algunas de las grandes Instituciones de Microfinanzas (IMF), dirigentes y gobernantes mundiales, responsables económicos, bancarios y financieros, o ONG.
En modo alguno se pretende negar validez a las posibilidades que pueda tener un instrumento de este tipo, sino cuestionar la utilización ideológica indiscriminada que se viene haciendo en torno a los microcréditos para desvirtuar algunos de los grandes dilemas que mantienen abiertas las políticas de cooperación internacional, para avalar la expansión de un proceso de globalización sin normas, así como para facilitar la extensión de algunos de los pilares básicos del neoliberalismo.
El endeudamiento masivo de la población más pobre no puede presentarse como la solución a los problemas de la pobreza y el subdesarrollo en el mundo, y mucho menos como una muestra extrema de libertad y progreso. Más bien, parece que asistimos a un proceso de extensión de la economía bancaria y financiera entre los sectores más pobres, curiosamente los que han estado excluidos de la misma hasta la fecha. Difundir la idea de que los pobres pueden gastar indefinidamente más de lo que realmente tienen genera una falsa comprensión de las verdaderas causas de los desequilibrios sociales y económicos en el mundo y la manera de abordarlos, pero también de la arquitectura global por la que se avanza.
Precisamente, el discurso emergente de los microcréditos se cimenta en la idea de que es el mercado, en este caso el mercado bancario, el que se tiene que encargar de la pobreza, siendo el mejor instrumento para reasignar óptimas condiciones de vida para los pobres del planeta, transformando así las políticas mundiales de cooperación en una simple inserción de los países en desarrollo en un liberalismo económico asimétrico que ha generado tan colosales desigualdades en el reparto de los ingresos y en el acceso a los bienes públicos esenciales. Bueno será que revisemos los fundamentos teóricos sobre los que se extienden los microcréditos. Para ello, hemos tratado de resumir en diez las afirmaciones y tesis más extendidas que se vienen utilizando habitualmente sobre los microcréditos, y que se pueden leer con profusión en las memorias, artículos, informes y discursos que habitualmente se difunden, e incluso en los propios proyectos y evaluaciones utilizados por las entidades no gubernamentales que vienen utilizando ampliamente este instrumento financiero.

Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos

1. Los microcréditos son uno de los mejores instrumentos para combatir la pobreza
El avance de la pobreza en el mundo está directamente relacionado con causas múltiples entre las que destacan los procesos de acumulación de riqueza tan formidables que vienen consolidándose en los últimos tiempos, amparados por el avance de un proceso de globalización tremendamente injusto en términos de oportunidades, expectativas y posibilidades. De esta forma, la pobreza tiene unas causas políticas muy directas, tanto en el entramado institucional y financiero que han construido los países occidentales para mantener e incrementar su posición privilegiada, como en los propios países en desarrollo, sometidos a gobernantes tan corruptos como ineficaces, alejados de las necesidades de sus pueblos y sometidos a las exigencias de instituciones multinacionales y de las grandes potencias.
Desde esta perspectiva, la pobreza tiene que abordarse desde una solidaridad activa con los que menos tienen, una solidaridad que impida los procesos de acumulación de riqueza tan salvajes que se están produciendo y que al mismo tiempo entienda la necesidad de que los que más tienen se comprometan activamente con los más desposeídos del planeta. Es por tanto un deber moral y político, un imperativo ético que a través de la tan corrompida ayuda al desarrollo y ese referente simbólico del 0,7% ha tratado de tomar cuerpo, al menos en el papel, sin olvidar un cambio en las estructuras y reglas sobre las que se ha establecido el comercio mundial, las finanzas y los intercambios económicos.
El argumento de que contra la pobreza no hay nada mejor que créditos trata de romper este compromiso político y moral, pretendiendo encubrir las verdaderas causas que están en la base de la pobreza y el subdesarrollo en el mundo y convirtiendo a los pobres en responsables últimos de su situación. Es un arma eficaz para desmantelar el compromiso político y ético que tenemos los que vivimos acomodadamente hacia aquellas otras personas que carecen de lo más esencial y que han convertido su vida en una lucha diaria por sobrevivir. Al mismo tiempo, sirve para anular las políticas de cooperación internacional, transformándolas en políticas de bancarización, convirtiendo la pobreza inmensa en deuda eterna, ya que a mayor número de pobres, mayor número de créditos concedidos, con lo que aseguramos una clientela prácticamente ilimitada que permita engrasar un sistema capitalista que habrá entrado así hasta en los países pobres.
2. Los microcréditos son capaces de garantizar a las capas más desfavorecidas invertir en su propio desarrollo
La transformación de pobreza en deuda, como pretenden los defensores de los microcréditos, se apoya en un darwinismo social bajo el cual aquellos que estén en situación más precaria y vulnerable lo están porque no han querido o podido endeudarse. Es el avance de una cultura basada en el dinero donde todo tiene un precio, pudiéndose comprar y vender, generando una “monetarización de la pobreza” que rompe las redes de solidaridad tradicionales. Es la esencia del neoliberalismo, que sostiene una situación imaginaria bajo la cual, toda aquella persona que quiera, puede salir adelante y prosperar en una economía de mercado hecha para emprendedores y valientes. Claro que esta máxima no sirve en una sociedad profundamente desigual como la nuestra, porque las condiciones de partida no son las mismas para todos, ni tampoco lo son los medios que tenemos a nuestro alcance; y en mucha menor medida para dos terceras partes de la población que viven en una situación de pobreza extrema, sin tener cubiertas las necesidades básicas más elementales.
Precisamente, uno de los mayores problemas en los países pobres es la carencia absoluta de las condiciones básicas de vida, en la medida que los Estados se han desentendido de sus ciudadanos o no tienen las condiciones para garantizarles siquiera su subsistencia. Frente a ello, la sociedad mundial tiene que avanzar sobre la base de que los Estados asuman y garanticen unos mínimos vitales para todos sus habitantes por el solo hecho de serlo, en atención social básica, sanidad, nutrición, educación y vivienda.
Los microcréditos tratan de desviar la responsabilidad sobre el desarrollo social básico de los habitantes por sus países y por la comunidad internacional, transfiriendo esta responsabilidad a cada ciudadano. Todo ello resulta mucho más llamativo cuando la “moda” de los microcréditos se está fomentando desde los países occidentales, allí donde las condiciones de vida y los mínimos vitales suelen estar asegurados, tratando de convencer a los destinatarios, los habitantes de los países pobres, de que su supervivencia es su mejor inversión. Curiosamente, si toda inversión se hace en base a unos excedentes económicos encaminados a obtener una cierta rentabilidad, en el caso de los microcréditos se llamaría inversión a tratar de asegurar la supervivencia y el autodesarrollo de sus endeudados clientes, que por toda rentabilidad obtendrían la posibilidad de poder subsistir, en el mejor de los casos, de forma más digna. Así las cosas, nosotros (los que vivimos en los países ricos) podremos seguir invirtiendo en instituciones financieras, multinacionales, empresas y fondos de inversión, mientras el resto de la humanidad (los que han tenido la mala fortuna de nacer en un país pobre) se mantendrán entretenidos pidiendo créditos para poder sobrevivir.
3. Los microcréditos sacan de la extrema pobreza a sus solicitantes
El endeudamiento hace mucho más vulnerables a quienes menos tienen, acentuando su precaria situación y su necesidad acuciante de comida, educación, salud básica o atención social, ya que al asumir un crédito se encuentran ante una mayor inestabilidad vital. Sin tener satisfechas unas necesidades elementales, un crédito significa exponerse aún más a las inclemencias sociales y dedicar su vida a satisfacer las deudas asumidas para tener al menos una rendija abierta de cara a un futuro incierto, por si necesitan pedir más dinero.
No parece que los microcréditos se estén orientando precisamente a los más pobres, o a quienes tienen más dificultades de acceso al crédito, y los escasos estudios existentes ponen de manifiesto que apenas consiguen mantener las mismas condiciones de vida de sus solicitantes, en la medida en que se destinan a mantener unos mínimos vitales, es decir, a satisfacer las necesidades básicas de los endeudados y sus familias. Parece por tanto más acertado decir que los microcréditos sirven para responsabilizar a sus solicitantes de su propia supervivencia y la de sus familias.
Ningún país, ninguna agencia de cooperación y ninguna IMF ha podido demostrar hasta la fecha de forma empírica el impacto positivo de los microcréditos en la reducción de la pobreza sobre amplias capas de su población más pobre. Hasta el punto de que los datos y las cifras que manejan parten de la apreciación, sumamente estrambótica, de que todo aquel que solicite un microcrédito abandona automáticamente su situación de pobreza por el solo hecho de pasar a ser deudor. Una tesis que se puede encontrar en informes y discursos oficiales que manejan con profusión este principio, similar a sostener que todo aquel que entra en un hospital deja de estar enfermo por el solo hecho de acceder al mismo. Siguiendo con la metáfora, se necesitaría saber la morbilidad y la situación de cada paciente: el esfuerzo que las personas y sus familias asumen al devolver los créditos, los costes sociales y familiares, la carga económica que contraen en relación con sus ingresos, su capacidad real de ascenso social, su movilidad en términos de expectativas vitales, y también las tasas de fracaso. Todo ello está por hacer y a estas alturas, son muchos los autores que sostienen que no hay interés en llevar a cabo un análisis riguroso sobre estos y otros extremos porque todo ello permitiría demostrar la mentira sobre la que se han edificado muchos de estos microcréditos.
4. Los microcréditos son muy positivos porque sus solicitantes son fundamentalmente mujeres
Esta es otra de las grandes falacias que se vienen difundiendo sobre los mismos, siendo sostenido por grandes dirigentes mundiales y por potentes IMF, como Promujer, donde defienden estos argumentos afirmando que “ellas son mejores pagadoras, se preocupan más por el futuro de sus familia y por la educación de sus hijos, son clave en el desarrollo de sus países1”.
Efectivamente, de sobra es conocido que la mujer es responsable de sacar adelante a familias, hijos, parientes y maridos, en mayor medida en países y sociedades donde se mantienen situaciones de explotación patriarcal tan arcaicas como dañinas para la mujer. Convertirlas en “clientes” privilegiadas de los microcréditos es aumentar la responsabilidad que ya tienen sobre sus espaldas e intensificar las situaciones de abuso que se mantienen en muchas sociedades sobre todas ellas, en tanto que son las que con su esfuerzo, trabajo y preocupación vienen luchando por mantener a sus familiares. Para muchas mujeres, asumir microcréditos supone por tanto una sobrecarga en sus ocupaciones domésticas, ya de por sí enormes, elevando las tensiones en el cuidado y la educación de sus hijos, algo que siempre recae únicamente sobre sus espaldas, y convirtiéndolas en endeudadas simplemente para alimentar, cuidar, alojar, educar y vestirse a ellas mismas, a su descendencia, a sus parejas, maridos, esposos, e incluso a su familia o a la de su compañero. En los escasos estudios existentes sobre los microcréditos, dos elementos se ponen de manifiesto con rotundidad al analizar su impacto sobre las mujeres. El primero desmantela el mito de que sean efectivamente gestionados por las propias mujeres, ya que en una proporción muy alta de casos, son las mujeres las solicitantes (porque tienen mayor facilidad para acceder a microcréditos, al ser ellas las que van a trabajar para su devolución y porque son mucho más responsables que los hombres para afrontar las deudas asumidas), mientras que en realidad son los hombres quienes deciden directamente sobre su empleo y gestión. (ver los datos procedentes del Grammeen Bank). El segundo, señala que estos créditos aumentan la situación de angustia, de sumisión, el esfuerzo y las jornadas de trabajo ya de por sí extremas que tienen las mujeres para salir adelante ellas mismas y sus familias.
Buena parte de los microcréditos otorgados a las mujeres de escasos recursos suponen una extensión más de sus actividades domésticas y familiares, lo que se refleja en la naturaleza de los proyectos puestos en marcha por ellas, esencialmente vinculados a la cocina, la costura y las labores del hogar. Así, los informes de Pronafim, una conocida IMF mexicana, señalan que el 85% de las personas beneficiarias de sus programas responden a este perfil, obteniendo cantidades que oscilan entre los 500 a los 20.000 pesos. Las autoridades mexicanas han repetido una y otra vez que sus microcréditos han sacado de la pobreza a todas las mujeres que los solicitaron. Así, el Presidente mexicano, Vicente Fox, ante la Cumbre Mundial de Microcréditos, celebrada en Nueva York en el mes de noviembre de 2002, afirmó con rotundidad que los microcréditos habían reducido en un 3% la pobreza en México, gracias a los microchangarros financiados por su Pronafim. Sin embargo, economistas prestigiosos como Julio Boltvinik, investigador del Colegio de México, aseguró justo lo contrario. Analizando datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pobreza y la indigencia en México aumentó de forma considerable en esos años.
5. Los microcréditos son tan buenos que su morosidad es bajísima, demostrando con ello que los pobres siempre pagan
El argumento tiene una importante carga de desfachatez. Por un lado, trata de atribuir valores positivos en los pobres, no como personas, no por sus potencialidades, sino por su condición de clientes de las entidades financieras con las que asumen responsablemente sus deudas. Si tan buenos son estos pobres pobres, no se entiende por tanto la razón de que las instituciones financieras y bancarias tradicionales hayan dejado siempre fuera a estos sectores del acceso al crédito y a la financiación. Al mismo tiempo, parece defenderse que los pobres tienen que pagar siempre, porque además de pobres se les exigen unos valores morales muy superiores a los del resto de la población, mientras que a los no pobres (se supone por tanto que a los ricos) se les permite no ser tan buenos pagadores ya que sus muchas ocupaciones y sus abundantes bienes patrimoniales les eximen de estas exigencias. Este principio enlaza con algunos de los argumentos más escandalosos defendidos por los ideólogos del neoliberalismo como el que las pérdidas tienen siempre que socializarse y ser asumidas por el Estado, mientras que los beneficios son siempre privados y propiedad de empresarios e inversores.
Por otra parte, la eficacia de un programa basado en microcréditos no debería sustentarse esencialmente en el índice de devolución, sino en su capacidad para mejorar la vida de sus destinatarios. Cuando se antepone la rentabilidad a la capacidad de transformación social, se deja bien claro cual es el principio que orienta el uso de los microcréditos por sus defensores. Sin embargo, en algunos de los escasos informes existentes se ponen de manifiesto datos que contradirían este manido argumento. De hecho, el propio Grameen Bank, en cuyos informes y discursos oficiales declara una tasa de devolución del 98%, algunos de sus informes evidencian que un 25% de los clientes de este Banco no logra nunca devolver sus créditos.
6. Los microcréditos convierten a los pobres en responsables de su propio desarrollo
El desarrollo básico de las personas, estén donde estén, vivan donde vivan, debe estar asegurado por los Estados y en caso de no ser posible, por la comunidad internacional. Este es un principio que orientó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y que parte de la consideración de unos derechos básicos y una dignidad inherente a toda persona por el solo hecho de serlo. El argumento de que los pobres deben de ser responsables de su desarrollo traslada esta responsabilidad a cada sujeto, haciéndole culpable de su supervivencia y de salir adelante, anulando de esta forma el papel que Estados, gobiernos y la comunidad internacional tienen en el desarrollo de los más pobres. La solidaridad y responsabilidad internacional se transforma así en individualismo y privatismo, en definitiva, se asciende un peldaño más hacia la construcción de sociedades abandonadas a un liberalismo salvaje y depredador.
7. Los microcréditos elevan automáticamente la dignidad de quienes los solicitan
Esta afirmación es tan inconsistente como absurda. La dignidad humana no puede medirse en función de los créditos que se tienen contraídos, sino desde la capacidad que las personas tienen en vivir de forma autosuficiente, teniendo garantizadas sus necesidades básicas y pudiendo ejercer sus derechos más elementales. Con mayor motivo si hablamos de personas que viven de forma paupérrima, sin tener cubiertas las necesidades básicas y viendo día a día como la familia y los hijos carecen de cuestiones básicas para su supervivencia. Así las cosas, la dignidad de los pobres se elevará automáticamente cuando dejen de serlo y puedan a partir de entonces elegir libremente su destino. Es como decir que los pobres dejan de serlo en tanto que son “clientes bancarios” y que la dignidad de las personas se restringe a simples intercambios económicos y monetarios impuestos por el mercado.
8. Los microcréditos y el acceso a los mismos deben ser un derecho humano básico
Son otros muchos los derechos humanos básicos que la comunidad internacional ha ido proclamando en las últimas décadas, y algunos de ellos tienen que ver precisamente con la cobertura de las necesidades básicas y el ejercicio de sus libertades. Anteponer todos ellos a la capacidad de endeudarse es frivolizar sobre los derechos humanos elementales, ignorar la importancia de acceso a todos ellos y que puedan ser garantizados por la comunidad internacional, al tiempo que se desvía la atención sobre sus incumplimientos, así como por las violaciones y vulneraciones que se vienen cometiendo. Bajo ningún concepto el derecho al crédito puede considerarse a la misma altura de otras cuestiones esenciales para la simple supervivencia de las personas o incluso por delante de su propia libertad, y quienes así lo hacen tratan de trasladar una idea esencialmente capitalista de la humanidad por la cual la única libertad está en el dinero.
9. Los microcréditos constituyen el mejor instrumento de la cooperación internacional y son una herramienta que ha revolucionado la ayuda al desarrollo
Esta afirmación es tan inconsistente como poco fundamentada, ya que hasta la fecha no existe un solo estudio, análisis o investigación empírica que demuestre en un solo país una mejora sustancial en el desarrollo de amplios grupos de la población. Todo ello ha sido sustituido por discursos, soflamas y declaraciones rimbombantes que tratan de situar como verdad de fe algo que no supera esta simple consideración.
Por otra parte, los defensores de este argumento tratan de minusvalorar y descalificar las políticas de solidaridad mundiales y con ello, las responsabilidades de los países ricos en esta materia. El dato más elocuente que demuestra la inexactitud de esta afirmación es que a pesar de las tres décadas de existencia de los microcréditos, los niveles de pobreza y subdesarrollo en el mundo no han disminuido, ni a nivel mundial ni en los países donde han tenido su máximo apogeo.
No debemos olvidar que las políticas de cooperación son también políticas de compensación que tratan de transferir una pequeñísima parte de los gigantescos recursos de los países ricos hacia los países pobres, en la medida que un mundo globalizado como el nuestro consolida espacios de riqueza y acumulación en los países occidentales, cimentados desde una posición de preeminencia basada en una estrategia histórica de expansión hacia los países del Sur como nuevos espacios para la producción, la inversión y el consumo. Sin embargo, estos mismos países subdesarrollados, con excedentes de mano de obra, no han visto normas similares para favorecer la movilidad de sus ciudadanos hacia los países occidentales o mejorar su desarrollo, o diversificar su producción basada habitualmente en la exportación de materias primas. El proceso de globalización aumenta aún más esta situación tan desigual, impidiendo con ello que los países en desarrollo puedan captar recursos para impulsar inversiones y generar así nuevas capacidades productivas. En lugar de ello, son cada vez más dependientes de capital, de inversiones, de tecnología y de conocimiento de los países industrializados. La cooperación para el desarrollo debe entenderse así desde esta compensación necesaria, y todo aquello que incida en deslegitimar, erosionar y cuestionar estas políticas debilita también las políticas de solidaridad y nuestro compromiso con los más pobres.
10. El acceso al microcrédito debe ser una de las prioridades para alcanzar el logro de los Objetivos del Desarrollo del Milenio
En el año 2000, los líderes de los países occidentales acordaron solemnemente fijarse una serie de objetivos en materia de desarrollo humano esencial que permitiera reducir a la mitad en el año 2015 la pobreza en el mundo, actuando especialmente sobre la educación básica, las enfermedades endémicas y la malnutrición, con una intervención muy contundente sobre todo el continente africano. Todo ello se recogió de forma pomposa en los llamados Objetivos del Milenio, que no eran sino una nueva reducción en el avance hacia los objetivos mundiales de desarrollo que en cumbres y conferencias mundiales se han venido acordando en décadas anteriores y que han sido sistemáticamente incumplidos. A cinco años del acuerdo, y cuando los países occidentales deben evaluar el avance conseguido en este lustro, los datos recogidos en un informe recientemente elaborado por la ONU no pueden ser más desalentadores, constatando la ausencia de voluntad política y la carencia deliberada de medios económicos para abordar una vez más los compromisos anunciados a los cuatro vientos por los países ricos, mientras los volúmenes de ayuda siguen descendiendo a nivel mundial y las nuevas prioridades en torno a la lucha contra el terrorismo y la seguridad están desviando grandes cantidades de recursos hacia estos fines. Al mismo tiempo, las prioridades económicas y comerciales están cobrando un nuevo vigor en las políticas de cooperación y ayuda, como lo demuestra la actuación de la comunidad internacional (basta con observar el papel de España) ante el desastre del sudeste asiático con motivo del tsunami que asoló la región y la primacía de créditos comerciales en las ayudas ofrecidas.
No puede negarse que el desarrollo no depende tan solo de lo que aporten los países donantes, sino muy especialmente de la disposición y el esfuerzo de los países pobres para mejorar las condiciones de vida en sus países, emprender amplias reformas que profundicen en la democracia, reduzcan las enormes diferencias de acceso a la riqueza y permitan el acceso a bienes básicos como salud, educación básica, la propiedad y explotación de la tierra así como la construcción de infraestructuras básicas, la mejora en el funcionamiento de los mercados, y el fortalecimiento de unos menguados Estados con frecuencia ineficientes y corruptos. Sin embargo, la globalización avanza sobre unas reglas tan injustas en la economía, el comercio, las finanzas, las tecnologías y el conocimiento que día a día se agranda aún más la gigantesca brecha que ya existe entre unos países y otros.
Ante este escenario, los microcréditos tienen un papel absolutamente residual de cara a dar respuesta a los compromisos asumidos por los gobernantes mundiales y conseguir que éstos sean llevados a cabo. Estamos ante acuerdos mundiales de naturaleza política, que tienen que tener respuestas de carácter político en cada uno de los Estados firmantes y por parte de cada uno de sus dirigentes políticos. Sostener que los microcréditos van a ser la panacea para la consecución de los Objetivos del Milenio significa desconocer el significado de este acuerdo y ofrecer excusas para su incumplimiento, en mayor medida cuando los microcréditos poco pueden hacer para incidir en el avance de la educación básica entre los niños, la erradicación de enfermedades parasitarias como la malaria o epidemias como el SIDA, proporcionar agua potable o atención sanitaria elemental a aquellas poblaciones que carecen de ello. Basta con contemplar los llamados Objetivos del Milenio asumidos por la comunidad internacional para comprender la inadecuación de un instrumento crediticio como el que analizamos.
Algunas reflexiones finales
Sin duda, el movimiento que se está desplegando alrededor de los microcréditos supone un paso más en la expansión del capitalismo global. En este caso, el proceso tiene la virtualidad de dirigirse hacia los sectores más pobres y vulnerables, habitualmente alejados de la globalización neoliberal al no ser potencialmente atractivos para las corporaciones empresariales y financieras, introduciéndoles en la bancarización a través de un producto diseñado específicamente para ellos.
Los microcréditos se nos presentan como instrumentos repletos de virtudes y de éxitos a pesar de que todo ello está aún por demostrar. Su pretendida capacidad instrumental para eliminar la pobreza parece más encaminada a vaciar las responsabilidades políticas e institucionales que existen en su mantenimiento que en ofrecer transformaciones sustanciales que mejoren el acceso a bienes públicos globales por parte de los más desfavorecidos y aumenten el compromiso activo de los gobiernos y países más ricos con su eliminación. Al mismo tiempo, la simple referencia a este instrumento parece avalar cualquier política, actuación o programa, por contrapuesto que pueda ser, llegándose incluso a ofrecer como políticas de codesarrollo programas de microcréditos de difícil acceso para sus destinatarios y a los que se quiere endeudar por años para obligarles a retornar a sus países, algo está siendo ofrecido como tal por algunas ONG y siendo financiado por determinadas instituciones públicas.
Cierto es que el mayor éxito de los microcréditos se ha situado, hasta la fecha, en la articulación de propuestas alternativas que permitan proporcionar mecanismos financieros nuevos a disposición de los sectores más desfavorecidos y en los países del Sur. Sin embargo, es necesario todavía un trabajo mucho mayor en la puesta en marcha de fórmulas solidarias, avanzadas y capaces realmente de apoyar a sectores alejados del acceso a la financiación, sin la gravosa carga de la deuda que estos grupos sociales no pueden asumir como una nueva y pesada losa en su ya esforzada vida.
Por el contrario, buena parte de los microcréditos se han diseñado como instrumentos de un mercado neoliberal y global, avanzado hacia instrumentos pensados por y para los ricos, capaces de generar espacios clientelares, de dependencia y control sobre grupos vulnerables; como fórmulas nuevas de financiación para ONG y grupos de poder que vacían toda la carga de injusticia e iniquidad que rodea la existencia de la gigantesca pobreza que se mantiene en buena parte de la humanidad hoy día; convirtiendo a estos sectores marginales en culpables de su situación por no haberse entregado en manos de un capitalismo global que sustituye a las personas por endeudados, generando una espiral de darwinismo social que lleva a suponer que todo aquel que mantiene su situación de pobreza es porque quiere al no haber solicitado un crédito. Tampoco pueden dejarse de lado las tramas de dependencia y control que se tejen sobre la población solicitante de estos “nanocréditos”, especialmente por las IMF y las ONG, para asegurarse el pago de las deudas, llegando desarrollar pautas de control y seguimiento de las familias absolutamente intolerables.
Posiblemente tengan que explorarse nuevas fórmulas de economía social, formas comunales de producción, sistemas avanzados de cooperativas y sociedades productivas, medidas para fomentar empleo público desde las administraciones descentralizadas y desde aldeas y núcleos rurales. En definitiva, fórmulas nuevas para generar riqueza y desarrollo que no pasen necesariamente por el endeudamiento y el empobrecimiento generalizado como único designio hacia el que todos avanzamos irremediablemente.
 
*Carlos Gómez Gil es Doctor en Sociología, profesor en el Departamento de Análisis Económico Aplicado de la Universidad de Alicante, Director de Seminario Permanente de Inmigración de la Sede Universitaria “Ciudad de Alicante” de esta Universidad y coordinador del área de cooperación internacional de BAKEAZ. Este artículo forma parte de un trabajo más amplio publicado por el Ayuntamiento de Córdoba, con el título “Los microcréditos en la cooperación para el desarrollo”. Una versión más reducida del mismo ha sido publicada en el nº 19 de la edición impresa de Pueblos, diciembre de 2005, pp. 56-58.

La verdad de los microcréditos

A pesar de los éxitos del sistema de microcréditos, se han realizado algunas críticas al mismo, que se resumen en las siguientes:
  • Sus principales beneficiarios no son los más pobres, vulnerables y excluidos en los países en desarrollo.
  • La idea matriz sobre la que se cimentan los microcréditos –los pobres pueden gastar indefinidamente más de lo que tienen- genera una falsa comprensión de las verdaderas causas de los desequilibrios sociales y económicos en el mundo y la manera de abordarlos, pero también de la arquitectura institucional global instaurada para entender y afrontar estos problemas humanos.
  • El discurso emergente de los microcréditos se basa en la idea de que es el mercado bancario el que se tiene que encargar de la pobreza.
  • Sería una manera de privatizar la pobreza.
  • Encubren las verdaderas causas de la pobreza y el subdesarrollo y convierten a los pobres en responsables últimos y directos de sus situación.
  • Son un arma eficaz para desmantelar el compromiso político y ético que tenemos.
  • Sirven para desactivar las políticas de cooperación internacional transformándolas en políticas de bancarización y convirtiendo la pobreza en deuda eterna.
  • La transformación de pobreza en deuda, defendida por los partidarios de los microcréditos, se apoya en un darwinismo social según el cual aquellos que estén en situación más precaria y vulnerable lo están porque no han querido o podido endeudarse.
  • El endeudamiento hace mucho más vulnerables a quienes menos tienen.
  • Dicen que los microcréditos son tan buenos que su morosidad es bajísima, lo que demuestra que los pobres siempre pagan. Con esta tesis se les exigen unos valores morales muy superiores a los del resto de la población mientras que a los no pobres se les permite no ser tan buenos pagadores.
  • Además, el propio Grameen Bank, que declara una tasa de devolución del 98% en sus informes, cuenta con otros informes que la morosidad es del 25%… hasta el punto de imponer seguros sobre los familiares de los endeudados para que, en caso de fallecimiento, sean los dolientes quienes asuman el pago de los créditos contraídos.
  • El argumento de que los microcréditos convierten a los pobres en responsables de su propio desarrollos los convierte a su vez en culpables de su supervivencia, anulando el papel de los Estados, gobiernos y comunidad internacional.
America del Sur es un referente mundial de las microfinanzas, en especial los países de Bolivia y Perú, quienes son los destacados en este sector, presentando niveles de rentabilidad, eficiencia, solvencia, etc. Las principales instituciones de promoción del microcrédito esta a cargo ONG como Acción Internacional, Fundación Magdala y Planet Finance, las cuales se caracterizan por la acumulación de experiencias de expertos de todo el mundo.

Crítica desde los medios de comunicación


La periodista María Rubio, en su artículo El dogma de los microcréditos , se atreve a lanzar un ataque directo contra la opinión pública, con párrafos como éste, en un artículo que, aunque breve, se antoja muy útil como contrapunto al ciego alago al microcrédito: “El microcrédito es hoy día un dogma de fe para la opinión pública y, por tanto, incuestionable, más aún contando con el fervoroso apoyo de las instituciones financieras internacionales, de las ONG y de la bienintencionada sociedad civil (…) Sin embargo, la realidad y los análisis más serios desmienten la panacea”. Rubio asegura que la sociedad ha cedido la responsabilidad de erradicar la pobreza a un sistema financiero que parece imponer el endeudamiento y la mentalidad empresarial al pobre como única salida; pero, como bien asegura la autora, “la justicia social siempre estuvo lejos de los bancos”.
Para continuar descubriendo la cara b del microcrédito, el diario Público publica un extenso trabajo de Ana Requena bajo el título "Los microcréditos, un instrumento en entredicho" que cuestiona la eficacia de esta herramienta tan celebrada. Su autora expone las dudas actuales sobre este método, no sólo por la polémica que rodea en los últimos meses al Banco Grameen y a su fundador, sino por las críticas de expertos que cuestionan su utilidad y que han sacado a la luz algunos efectos perversos de su utilización masiva. Por ejemplo, el profesor universitario Carlos Gil acusa a los microcréditos de "bancarizar la pobreza" y "extender el capitalismo" al sector de los pobres, así como denuncia que la satisfacción de unos mínimos vitales no debe estar sometida al acceso al crédito; añade, además, que el microcrédito es una estrategia para desviar la atención de la opinión pública de los verdaderos responsables de la consagración de la pobreza y de las políticas económicas, sociales y legislativas requeridas por un problema terrible de escala mundial.
Carlos Gil es autor del estudio "Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos", que se opone tangencialmente a alabar las supuestas bondades del microcrédito como adalid de la lucha contra la pobreza, y donde expone una serie de argumentos muy significativos para el debate sobre las microfinanzas. Estas son las diez tesis aceptadas por la opinión pública sobre los microcréditos y que Gil cuestiona en su trabajo:
  1. Los microcréditos son uno de los mejores instrumentos para combatir la pobreza.
  2. Los microcréditos son capaces de garantizar a las capas más desfavorecidas invertir en su propio desarrollo.
  3. Los microcréditos sacan de la extrema pobreza a sus solicitantes.
  4. Los microcréditos son muy positivos porque sus solicitantes son fundamentalmente mujeres.
  5. Los microcréditos son tan buenos que su morosidad es bajísima, demostrando con ello que los pobres siempre pagan.
  6. Los microcréditos convierten a los pobres en responsables de su propio desarrollo.
  7. Los microcréditos elevan automáticamente la dignidad de quienes los solicitan.
  8. Los microcréditos y el acceso a los mismos deben ser un derecho humano básico.
  9. Los microcréditos constituyen el mejor instrumento de la cooperación internacional y son una herramienta que ha revolucionado la ayuda al desarrollo.
  10. El acceso al microcrédito debe ser una de las prioridades para alcanzar el logro de los Objetivos del Desarrollo del Milenio.
Para más información ver el artículo de Carlos Gómez Gil Microcréditos

Microcréditos, de Muhammad Yunus a Antonio Garrigues

Esta semana, el Banco Central de Bangladesh anunció que Muhammad Yunus, ganador del premio Nobel de la Paz por su programa de microcréditos, era despedido de su puesto como máximo responsable de Banco Grameen, la entidad financiera con la que puso en marcha su iniciativa de finanzas éticas. 30 años después de poner en marcha un proyecto pionero, el impulsor de la banca para pobres termina de una manera traumática su legado profesional.
Paradójicamente, el espíritu de su modelo ha tardado en trascender de las fronteras de Bangladesh como modelo de banca ética, aunque no su reconocimiento. Ha tenido que pasar el tiempo para que la alternativa de los microcréditos sea ya una realidad en más de 75 países en desarrollo y algo más para que desde los países occidentales se tome conciencia de la posibilidad de participar en proyectos movidos por el interés social, antes que el financiero.
En España, desde hace unos meses, la boutique financiera Ambers & Co trabaja en un proyecto que aspira a participar del espíritu de Muhammad Yunus. El equipo liderado por Rafael Roldán y dirigido por Luca Torre y Agustín Vitórica ha lanzado un fondo de capital privado (Gawa Microfinance Fund I) de 20 millones de euros para invertir en entidades o plataformas que desarrollan programas de microcréditos, bien sean en África, Latinoamérica o Asia.
Para ejercer de banderín del proyecto, Gawa cuenta con la colaboración del abogado Antonio Garrigues como presidente y garante de la iniciativa, en la que también le acompañan financieros de reconocido prestigio como David Jiménez Blanco (ex Merrill Lynch, Credit Suisse), Eduardo Díez Hochleitner (ex Prisa, ex Apax) o Ignacio Mas, director de inversiones de la Fundación Bill Y Melinda Gates. Nombres conocidos para dar un sello de garantía a un producto novedoso.
La idea es clara: ofrecer la posibilidad de realizar inversiones éticas y al mismo tiempo lograr  rentabilidades competitivas, entre el 8-10%. Como explica el propio Roldán, ¨es un fondo para invertir en instituciones financieras que trabajan en este segmento, ya sea vía financiación o vía capital, o incluso directamente en los proyectos¨. Las iniciativas de microcréditos están financiadas normalmente por organismos multilaterales, fundaciones benéficas o inversores privados.
El objetivo de Gawa es elegir entre 10 o 12 entidades, porque el espectro es casi inabarcable. Sólo en la India hay 2.000 prestadores de microcréditos, mientras que Deutsche Bank elevaba esa cifra para todo el mundo hasta 10.000, de las que sólo un 20% llegan a ser autosuficientes financieramente. Como explica Luca Torre, ex directivo de Credit Suisse, las inversiones parten de un análisis territorial previo, absolutamente imprescindible para evitar riesgos geopolíticos.
Riesgos políticos
Este paso parece imprescindible para evitar situaciones críticas como las ocurridas en Nicaragua, por ejemplo, donde el Gobierno de Daniel Ortega ha encabezado entre la población ¨el movimiento del no pago¨, o las sufridas en Bosnia y otros países del Este, donde las iniciativas de microcréditos derivaron en financieras para el consumo de bienes no productivos, dando lugar a un boom de crédito que no se corresponde con la filosofía del Grameen Bank.
Otro de los directores del fondo, Agustín Vitórica, ex responsable de la oficina familiar de Antonio Asensio, reconoce que parte del valor añadido pasa por desintermediar a las instituciones oficiales de crédito, que en estos países en desarrollo pueden llegar a cobrar intereses de usura. Además, los microcréditos suelen tener un fin productivo, al estar destinados a financiar el autoempleo o la formación de una persona.
Las entidades que se ha dedicado a localizar el equipo de Gawa tienen que cumplir con una misión social. Normalmente están integradas en regiones no urbanas y enfocadas al segmento más bajo del mercado. Como compara el propio Roldán, estas instituciones representan en esas regiones y para esas personas lo que en la España pobre encarnaban los primeros Montes de Piedad, salvando las diferencias, que luego darían lugar a las modernas cajas.
De momento, el fondo espera cerrar sus primeras inversiones en breve. Tienen tres años para invertir y otros siete para vender. En ocasiones, son bancos los que han comprado estas entidades de microcrédito, interesados en cubrir ese mercado. Incluso se han dado casos en los que estas iniciativas, en ocasiones impulsadas desde ONG, han terminado convirtiendo en bancos al uso, especializados en las finanzas para los excluidos. Beneficios e impacto social.

Carlos Hernanz

Microcrédito, macro problemas




El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Muhammad Yunus, considerado
el padre del microcrédito, sobreviene en un momento en que el
microcrédito se ha convertido en una especie de religión para muchas
personas con poder, fortuna o fama. Hillary Clinton habla regularmente
sobre su viaje a Bangladesh, patria de Yunus, donde se sintió "inspirada
por el poder de estos préstamos que ayudan incluso a las mujeres más
pobres a iniciar negocios, permitiendo que sus familias -y sus
comunidades- salgan de la pobreza".


Al igual que la liberal Clinton, el neoconservador Paúl Wolfowitz, ahora
presidente del Banco Mundial, también se ha sumado a la religión, luego
de un reciente viaje al estado de Andhra Pradesh, de la India. Con el
fervor del convertido, él habla del "poder transformador" del
microfinanciamiento: "Pensé que quizá éste era un solo proyecto exitoso
en una aldea, pero entonces fui a la aldea siguiente y encontré la misma
historia. Esa noche, encontré más de cien mujeres líderes de grupos de
autoayuda, y me di cuenta que este programa estaba abriendo
oportunidades para las mujeres pobres y sus familias en todo un estado
de 75 millones de personas".


No cabe duda que Yunus, economista de Bangladesh, concibió una idea
ganadora que ha transformado las vidas de muchos millones de mujeres
pobres, y quizás solo por eso, él merece el premio Nobel. Pero Yunus
-por lo menos el joven Yunus, que al inició no contaba con la ayuda de
instituciones globales- no veía su Banco Grameen como panacea. Son
otros, como el Banco Mundial y las Naciones Unidas, quienes lo han
elevado a ese estatus (y, algunos dicen que a Yunus también le han
convencido que es una panacea), de modo que el microcrédito se presenta
ahora como una vía del desarrollo relativamente indoloro. Mediante su
dinámica que establece la responsabilidad colectiva del reembolso de un
grupo de mujeres prestatarias, es cierto que el microcrédito ha
permitido de hecho a muchas mujeres pobres revertir la pobreza aguda.
Toda vez, son principalmente las moderadamente pobres, más que las muy
pobres, quienes se benefician de ello, y son pocas quienes pueden
afirmar que han salido permanentemente de la inestabilidad de la
pobreza. Asimismo, no muchas pretenderían que el grado de
autosuficiencia y la capacidad de enviar sus niños a la escuela, que
resulta del microcrédito, sean indicadores de haber escaldo a niveles de
prosperidad de la clase media. Como lo anota la periodista económica,
Gina Neff, "después de 8 años de pedir préstamos, el 55% de los hogares
de Grameen todavía no puede resolver sus necesidades alimenticias
básicas; de modo que muchas mujeres utilizan sus préstamos para comprar
alimentos, en lugar de invertirlos en un negocio".


En efecto, Thomas Dichter, quien ha estudiado el fenómeno a fondo,
afirma que la idea de que el microfinanciamiento permite que sus
beneficiarios pasen de la pobreza a ser microempresarios está inflada.
Al esbozar la dinámica del microcrédito, Dichter sostiene: "Sucede que
los clientes con la mayor experiencia comenzaron utilizando sus propios
recursos, y aunque no han progresado mucho -y no pueden, porque el
mercado es sencillamente demasiado limitado- tienen un volumen de ventas
suficiente como para seguir comprando y vendiendo, y probablemente lo
harían con o sin el microcrédito. Para ellos, los préstamos se desvían a
menudo al consumo, al contar de pronto con un monto relativamente
grande, un lujo que no les permite su volumen diario de ventas".
Concluye: "definitivamente, el microcrédito no ha hecho lo que la
mayoría de entusiastas del microcrédito pretenden que puede hacer:
funcionar como capital dirigido al aumento de la renta de una actividad
empresarial".


De allí, la gran paradoja del microcrédito, como lo expresa Dichter,
que: "es poco lo que la gente más pobre puede hacer productivamente con
el crédito; y quienes pueden hacer más, en realidad no necesitan tanto
el microcrédito, sino cantidades más grandes, con condiciones de crédito
distintas (a menudo a más largo plazo)".


En otras palabras, el microcrédito es una gran herramienta como
estrategia de supervivencia, pero no es la clave del desarrollo, que
exige no solamente inversiones masivas, intensivas en capital, y
dirigidas por el Estado, para construir industrias, sino también atacar
frontalmente las estructuras de la desigualdad, tales como la propiedad
concentrada de la tierra, que sistemáticamente privan de recursos a los
pobres para escapar de la pobreza. Los programas de microcrédito
terminan coexistiendo con estas estructuras enraizadas, sirviendo como
red de seguridad para la gente excluida y marginada por ellas, sin
transformarlas. No, Paul Wolfowitz; el microcrédito no es la clave para
poner fin a la pobreza que existe entre las 75 millones de personas en
Andhra Pradesh. Siga soñando.


Quizás una de las razones de tal entusiasmo por el microcrédito en los
círculos del establishment, hoy en día, es que se trata de un mecanismo
basado en el mercado, que ha gozado de un cierto éxito, justamente
cuando otros programas basados en el mercado se han estrellado. Los
programas de ajuste estructural que han promovido la liberalización del
comercio, la desregulación y la privatización, han traído mayor pobreza
y desigualdad a la mayor parte del mundo en desarrollo, durante el
último cuarto de siglo, y han convertido al estancamiento económico en
una condición permanente. Muchas de las instituciones que promovieron y
siguen promoviendo estos fallidos macro programas (a veces bajo nuevas
etiquetas como los “Papers’ de Estrategia de Reducción de la Pobreza"),
como el Banco Mundial, son a menudo las mismas que promueven los
programas de microcrédito. En términos generales, el microcrédito se
puede considerar como la red de seguridad para millones de personas que
se encuentran desestabilizadas por las macro fallas a gran escala
engendradas por el ajuste estructural.


Sí se han producido avances en la reducción de la pobreza en algunos
lugares, como China, donde, contrariamente al mito, son las políticas
macro dirigidas por el Estado, y no el microcrédito, el factor central
para sacar de la pobreza a unos 120 millones de chinos.


Entonces, probablemente la mejor manera de honrar a Muhammad Yunus es
decir, sí, él merece el premio Nobel por haber ayudado a tantas mujeres
a hacer frente a la pobreza. Sus acólitos hacen un descrédito a este
gran honor, e incurren en la demagogia, cuando reivindican que él ha
inventado una nueva forma compasiva de capitalismo -el capitalismo
social o el “empresariado social"- que sería la bala mágica para
terminar con la pobreza y para promover el desarrollo. (Traducción: ALAI).



- Walden Bello es profesor de sociología y administración pública en la
Universidad de las Filipinas, y director ejecutivo de Focus on the
Global South. Focus On Trade, # 124, octubre 2006. [Published on Sunday,
October 15, 2006, by The Nation].

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Servicio Informativo "Alai-amlatina"
Agencia Latinoamericana de Informacion - ALAI
info@alainet.org

COMUNICADO: CGAP preocupado por los esfuerzos para quitar al ganador del Premio Nobel Yunus del Grameen Bank

"Estamos profundamente preocupados por la campaña de los últimos meses y las recientes acciones legales para quitar a Muhammad Yunus como director administrativo del Grameen Bank.

Durante los últimos treinta años juntos Muhammad Yunus y el Grameen Bank han sido una fuerza poderosa y símbolo para el movimiento del microcrédito, y para el progreso de los pobres que anteriormente estaban excluidos de los servicios financieros. El profesor Yunus ha sido un pionero en el campo, y sus importantes contribuciones al avance de la causa de las mujeres pobres no bancarizadas deberían ser celebradas por Bangladesh, y la comunidad internacional.

El acceso al crédito puede ser una herramienta valiosa para que los hogares pobres puedan invertir en pequeñas empresas, y verse a través de parches vulnerables. En términos más generales, el acceso a los servicios financieros puede proporcionar importantes beneficios con sólo permitir a las familias pobres gestionar sus finanzas del hogar con mayor eficacia y controlar su consumo, lo que les permite ahorrar para emergencias, pagar las cuotas escolares cuando sea necesario, y hacer frente a enfermedades u otras perturbaciones temporales.

El movimiento del microcrédito realizó una contribución fundamental para demostrar que es posible ofrecer servicios financieros a los pobres a escala, y de una manera sostenible.

La situación actual es dañina no sólo para Grameen Bank y los clientes pobres en Bangladesh, sino también para la industria de las microfinanzas en general.

Casi tres mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a servicios financieros formales, y sigue siendo nuestra prioridad asegurar que las poblaciones antes marginadas de bajos ingresos tienen acceso a toda la gama de servicios que pueden utilizar para invertir, crear bienes, consumo regular y hacer frente a las crisis.

El amplio respaldo internacional que el profesor Yunus ha recibido afirma el importante papel que muchos países ven ahora para la inclusión financiera. También sentimos cada vez más conciencia y comprensión a nivel político en muchos países - entre ellos el G-20 - de lo que la inclusión financiera puede contribuir al desarrollo social y económico.

Esperamos que se alcance un acuerdo que permita al Grameen Bank operar con eficacia, y que las microfinanzas en Bangladesh puedan continuar creciendo y contribuir al desarrollo social y económico del país.

Seguimos centrados y comprometidos en nuestros esfuerzos para ayudar a lograr el importante objetivo de la inclusión financiera universal."

En Washington, DC: Jeanette Thomas, jthomas1@cgap.org

http://www.cgap.org

Acerca de CGAP

CGAP es un centro independiente de política e investigación dedicado a promover el acceso financiero para los pobres del mundo. Es apoyado por más de 30 agencias de desarrollo y fundaciones privadas que comparten una misión común para aliviar la pobreza. Con sede en el Banco Mundial, CGAP proporciona inteligencia de mercado, promueve los estándares, desarrolla soluciones innovadoras y ofrece servicios de asesoramiento a los gobiernos, proveedores de microfinanzas, donantes e inversores. 

El descrédito de un tipo de interés: La Cumbre Mundial del Microcrédito 2011

El origen de la pobreza hay que buscarlo en la propia naturaleza de las relaciones económicas, financieras y mercantiles sobre las que se sustenta el sistema capitalista a nivel mundial. El acceso al endeudamiento no solo no resuelve por si mismo ninguno de los problemas si no que se convierte en una carga, en la mayor parte de los casos, que agrava su situación.
Organizaciones y particulares  estamos siendo invitadas a participar, junto a un “ejercito de activistas y banqueros no convencionales”, en la Cumbre Mundial del Microcrédito 2011, un evento que se desarrollará en Valladolid del 14 al 17 de noviembre y que contará con la presencia de “su Majestad” la Reina Sofía de España, del Premio Nobel de la Paz y Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, Muhammad Yunus (presidente y fundador del Grameen Bank) y de más de 2.000 delegados procedentes de más de 100 países (1).
En cualquier caso si no nos ha quedado muy claro de qué forma los microcréditos “van a relegar la pobreza en el mundo a los museos de historia” como sostiene el propio Yunus en su libro Hacia un Mundo sin Pobreza, nos quedamos bastante más tranquilas si todo esto viene avalado por todo un premio Nobel de la Paz y por personalidades como la Reina Sofía o Hillary Clinton.
Durante estos últimos diez años hemos asistido a todo un bombardeo mediático acerca de las bondades del sistema de microcréditos, especialmente tras la concesión del Premio Nobel en 2006 a M. Yunus, con reportajes de visitas al terreno cubiertas por los medios de Hillary Clinton (Secretaria de Estado del gobierno Obama), con las aportaciones multimillonarias de las Agencias de desarrollo escandinavas, con el apoyo del multimillonario y “filántropo” George Soros (de profesión especulador en los mercados de divisas), del fundador de eBay Pierre Omidyar, de la fundación Mosaic de Bill Gates, de los banqueros internacionales, como el BBVA que cuenta con su propia Fundación de Microfinanzas, o de las obras sociales de las Cajas de Ahorro Españolas, de las grandes empresas como Adidas, Reebok, Intel, las constructoras Veolia y Ferrovial, el grupo químico BASF, y los grandes organismos internacionales como las Naciones Unidas, el Banco Asiático de Desarrollo y el Banco Mundial, intentando convencernos del “lado amable” del capitalismo, de que los pobres tienen también su sitio en una economía globalizada y de que pueden salir de la pobreza convirtiéndose en empresarios (en este caso “empresarias”), haciendo bueno el proverbio chino de dar al pobre la caña de pescar (en este caso a crédito y a un 30% de interés) en lugar de darle el pez.
“Los pobres, nos dice Yunus, son iguales que cualquier otro ser humano, con toda la capacidad que tiene cualquier otra persona,..(¡Y yo que pensaba que eran una casta aparte!)…pero no tienen el mismo apoyo que los demás. Por tanto, son pequeños. Y los miramos como un poco negligentes, No nos sentimos responsables. La pobreza no es creada por los pobres. La pobreza es creada por el sistema que hemos creado alrededor de ellos… (Por un momento creeríamos que Yunus es un radical antisistema)…. Supongamos que las personas que ahora están rechazadas del sistema bancario, se despierten mañana y se enteren de que de repente tienen todo tipo de servicios financieros: tienen tarjetas de crédito, talonarios, cuentas bancarias, la bolsa, pueden hacer todo lo que quieran hacer. ¿Cómo serían sus vidas? ¿Cómo sería su economía? Definitivamente no sería como es actualmente. Su economía estaría en auge, vibrante. Su actividad saldría a chorros  Resumiendo, lo que “supone” Yunus es que para acabar con la pobreza en el mundo basta con darle una tarjeta de crédito y una línea de financiación a un pobre y automáticamente tendrá la capacidad de pasar de ser un pobre “negligente” a un emprendedor de éxito tipo Steve Jobs.
Como prueba de los milagros conseguidos por el sistema de microcréditos y el Grameen Bank en particular, en su lucha de erradicación de la pobreza, Yunus nos presenta una serie de cifras como la reducción de la mortalidad infantil en Bangladesh en un 37 % en los últimos diez años, que el 64% de las prestamistas han abandonado el umbral de la pobreza, que 15.000 personas han dejado la mendicidad gracias a los préstamos del Grameen Bank (muchas de estas, nos dice Yunus con optimismo, ya están en su segundo o tercer préstamo, a nosotras este dato nos hace sospechar de ese endeudamiento sucesivo…), de su programa que llega a 100.000 personas consistente en proporcionarles artículos de venta puerta a puerta, para que no se dediquen únicamente a pedir una limosna. Para Yunus, la limosna es algo positivo (no es la intención del Sr. Yunus poner en duda el tercero de los cinco pilares del Islam, -religión mayoritaria en Bangladesh-, el zakaat) pero esta impide que los beneficios puedan volver al donante, y por tanto servir al bien común en un futuro. El Sr. Yunus debería añadir que vuelven al donante con intereses, lo cual le ha acarreado bastantes críticas entre los líderes islámicos de Bangladesh, el cobro de intereses -riba- está perseguido por el Corán, no así por la banca internacional: Como indica el Wall Street Journal:
“Lo que comenzó como un experimento social para ayudar a los más pobres del mundo también ha demostrado que puede obtener algún beneficio. Ha atraído a los fondos de capital privado y otros inversionistas extranjeros, que han derramado miles de millones de dólares en los últimos años en todo el mundo de las microfinanzas”.
Resumido en siete claves, el decálogo de la microfinanciación (3) se presenta a si misma como el mejor de los instrumentos para erradicar la pobreza en el mundo:
  • El microcrédito permite que sean las personas más desfavorecidas las que a través del endeudamiento, se conviertan en pequeñas empresarias y salgan por sus propios medios de la miseria,
  • “Ellas” son mejores pagadoras así que convirtiendo a las mujeres en “clientes preferentes” al endeudamiento, resolvemos el rasgo de género asociado a la pobreza.
  • El derecho al endeudamiento se convierte en derecho básico de las personas, al mismo nivel que el derecho a la salud, a la alimentación, a la educación o a disponer de una vivienda digna.
  • Las personas que acceden a los microcréditos ven aumentada su dignidad.
  • Los microcréditos son un instrumento para la canalización de fondos de ayuda al desarrollo y de la cooperación internacional.
  • El derecho al microendeudamiento es uno de los objetivos del milenio.
  • El desarrollo de los microcréditos contribuye al desarrollo de los países emergentes.
El efecto positivo de la red de microcréditos se traslada así, a la economía productiva del país, con tasas de crecimiento del PIB cercanas al 6% para 2011, otros achacan este crecimiento a la llegada de maquilas que fabrican para las grandes firmas de ropa, a costa de uno de los salarios más bajos del mundo, lo cierto es que Bangladesh sigue siendo el país con un mayor índice de pobreza de Asia tras Afganistán, eso sí su Índice de Desarrollo Humano ha experimentado una leve mejoría en los últimos años.
¿Que cómo ha conseguido el Banco Grameen convertir los microcréditos en un instrumento que está cambiando las vidas de los pobres radicalmente (sic)?:
Mediante los más de dos mil millones de euros que ha prestado a ocho millones de pobres, el 97% mujeres, en los últimos 20 años. Desde sus inicios el Grameen Bank descubrió que ellas no tenían acceso a préstamos bancarios, no sólo las pertenecientes a los sectores más bajos si no también las de clases pudientes cuando no contaban con el respaldo de un hombre. Estas además, tenían un ratio de morosidad inferior al 2%. El sistema de la banca de Yunus se basa en la confianza, sin garantías.
El Grameen Bank tiene además una sucursal en Estados Unidos, Grameen America, que opera en el barrio de Queens (Nueva York) y en Omaha desde 2008, dando préstamos principalmente a madres solteras para empezar pequeños negocios.
Habría que aclarar que cuando se habla de confianza en la persona, en realidad se está hablando de la confianza del grupo en la mujer endeudada, (normalmente un grupo de cinco mujeres que se controlan mutuamente para que todas paguen), ya que si alguna no devuelve el préstamo será el grupo entero el que se hace responsable del pago del mismo. Es decir, que aunque en principio no se requiere un bien que sirva como aval, es el grupo entero el que actúa como avalista. Desde el Grameen Bank, se fomenta además que los grupos de mujeres adquieran participaciones del Banco. Yunus nos presenta el Grameen Bank como un ente articulado por grupos de mujeres, que se ofrecen como garantía de los préstamos tomados por algunas de ellas que eligen democráticamente a otra como líder del grupo y que toman parte de las decisiones en el consejo de dirección del banco.
Grameen Bank no sólo ofrece préstamos para emprender negocios, también da créditos a la vivienda, mediante préstamos a una media de 300 $ (uno se pregunta qué clase de vivienda se puede construir alguien con 300$, aunque sea en Bangladesh), préstamos para el estudio, para operaciones médicas y tratamientos de salud, préstamos para la adquisición de ordenadores y otros aparatos relacionados con las TIC con el fin de llevar la tecnología de la información y la telefonía móvil a los pobres (y de paso abrir nuevos mercados para Apple, Motorola, Intel, Microsoft..)
En la ponencia (1) que va a Presentar M. Yunus en el Congreso de Valladolid, se plantea como novedad en el campo de los microcréditos y de la economía social, la alianza con transnacionales y otras corporaciones para acelerar el fin de la pobreza, redefiniendo el concepto de empresario que ofrece la teoría del liberalismo económico, resumida en la idea de que la principal motivación que tiene el empresario es la de maximizar su propio beneficio individual. Según Yunus, los empresarios tienen (o pueden tener) dos tipos de motivaciones, maximizar los beneficios y aumentar el bienestar de la comunidad. Lo que Yunus plantea, es que este segundo tipo de motivación puede convertir al empresario (desde el pequeño comerciante de barrio a las grandes corporaciones transnacionales) en un agente de la economía social que mejore las condiciones de vida de la comunidad en la que se implante.
Dentro de la estrategia de coaliciones con las grandes corporaciones, el Banco Grameen acaba de firmar un acuerdo con Danone, creando una joint venture: Grameen Danone Foods Limited, que creará un nuevo producto lácteo, más barato que el yogur tradicional, que no necesita refrigeración y que tampoco necesita de una cuchara para consumirse (los pobres no tienen cubiertos). También ha firmado otro con Reebok para fabricar calzado “low cost” para los más pobres, como se ha encargado ésta de publicitar dentro de su política de responsabilidad social corporativa. Yunus en su ponencia dice, que Reebok se ha propuesto la meta altruista de que ningún ser humano vaya sin calzado, incluso los más pobres, para protegerles del parásito Ancylostoma duodenale que se introduce en el organismo a través de la epidermis. Nada sabemos de las condiciones laborales y sanitarias de las personas que fabriquen ese calzado a tan bajo coste.
En la Ponencia de Valladolid Yunus nos presentará los grandes beneficios y oportunidades que traerá la coalición con otras multinacionales como BASF, Intel, Felisimo, y los futuros acuerdos que están en marcha con multinacionales del sector energético y de la construcción, aun por definir.
Lo cierto es que la cumbre no se va a celebrar en el momento de mayor popularidad para la política de microcréditos, tras la emisión el mes de febrero de 2011 del documental noruego “Caught in Micro-Debt” denunciando las aportaciones multimillonarias de las agencias de desarrollo noruega y sueca a los programas de microcréditos, y el desvío de parte de esos fondos con el fin de evadir impuestos y aportando pruebas de las presiones que sufren las mujeres endeudadas, el círculo de endeudamiento que provoca en muchos casos la necesidad de pedir préstamos a los usureros locales y los casos de suicidio como la cara oculta del negocio de la microfinanciación.
A la emisión de este documental en Noruega y Suecia, que aquí se emitió en el programa de Documentos TV de La 2 este mes de julio, siguió la destitución por parte del Banco Central de Bangladesh de Yunus como director gerente del Banco Grameen por superar la edad de jubilación y para iniciar un periodo de verificación del papel del banco y de las fundaciones y asociadas para someterlas a regulación. Desde el entorno del GB se defendían alegando que la verdadera razón del acoso a Yunus era el temor del Gobierno de su popularidad y de que éste pueda iniciar una carrera política. Soraya Rodríguez (4) habló personalmente con Yunus en el mes de marzo para mostrarle su apoyo en esos momentos difíciles, Según Yunus en declaraciones a EFE, la propia Reina Sofía le ha mostrado también su apoyo.
Yunus había transferido secretamente fondos recibidos de la Agencia de Cooperación Noruega del Grameen Bank a otra entidad paralela del banco de reciente creación, contraviniendo los requisitos de la donación de que esos fondos se iban a destinar a programas de financiación de viviendas sociales.
El Grameen Bank ha alegado a las acusaciones del documental que el desvío de fondos se realizó por motivos fiscales (para ahorrar impuestos con la entidad de nueva creación) y que esos fondos serían empleados en programas de ayuda a los pobres en un futuro.
En el documental se muestra además cómo se transfieren 8,3 millones de dólares a Grameen Telecom y Grameen Phone, entidades que forman parte del entramado empresarial del Grameen Bank y cuya gestión está dirigida a la generación de beneficios y no tiene ningún fin social.
Desde entonces los escándalos y acusaciones a los programas del Banco de Yunus no han dejado de producirse. A finales del pasado mes de enero, la empresa textil Grameen Knitwear (5) tuvo que cerrar indefinidamente debido a las protestas de las trabajadoras (unas dos mil) que demandaban mejores salarios. No es de extrañar que desde la Agencia de Cooperación Española, principal apoyo de la cumbre, Soraya Rodríguez se muestre preocupada y en declaraciones a Europa Press haya señalado “esperamos que pueda acabar bien esta situación no deseada y ciertamente complicada por la que pasa esta importante institución y que el episodio sea parte del pasado cuando estemos celebrando la Cumbre Mundial de Valladolid”
En cualquier caso, el cuestionamiento que se viene haciendo de la política de microcréditos no viene de los últimos meses, ni se circunscribe exclusivamente al Grameen Bank y a Yunus. Lo que numerosas voces críticas vienen denunciando desde hace 20 años es que se presente el endeudamiento masivo, en muchos casos como un círculo vicioso, haciéndonos creer que los pobres pueden gastar indefinidamente lo que no tienen, y que además es esta la solución a la falta de derechos básicos de la población como la sanidad y la educación (pedir un préstamo para poder estudiar o para el tratamiento de una enfermedad). La paradoja es que los países y particulares donantes dejan de aportar fondos para educación o sanidad para transferirlos a las entidades bancarias que están financiando la educación y la sanidad (privadas) a personas que no tienen acceso gratuito a las mismas.
La máxima del liberalismo económico, de que es el mercado (financiero en este caso) el que resuelve el problema de la reasignación de los recursos, mediante la “mano invisible” y el interés individual, puede por tanto servir también para mejorar el bienestar de las capas más bajas dotándole de recursos de los que carece. El fracaso de las políticas de microcréditos se basa precisamente, (como en gran medida la de las grandes políticas de ayuda al desarrollo) en que no abordan la cuestión de cuales son las raíces de las desigualdades y de la pobreza, y pasan por encima de las causas socio-políticas y culturales de la desigualdad. El origen de la pobreza hay que buscarlo en la propia naturaleza de las relaciones económicas, financieras y mercantiles sobre las que se sustenta el sistema capitalista a nivel mundial. El acceso al endeudamiento no solo no resuelve por si mismo ninguno de los problemas si no que se convierte en una carga, en la mayor parte de los casos que agrava su situación.
En Estados Unidos miles de familias se encuentran atrapadas en un “carrusel” de deudas derivadas del uso de las tarjetas de crédito, especialmente entre sectores de la población con una cultura financiera más baja, y que desconocen los altísimos intereses que graban los descubiertos en sus tarjetas, que han servido para financiar la compra de bienes que no necesitan. Es ese mismo desconocimiento de las consecuencias del endeudamiento lo que lleva, en los países del sur a las personas que acceden a microcréditos a iniciar una espiral de endeudamiento.
Volviendo de nuevo al caso de GB, Yunus nos dice que el 98% de las personas que reciben un préstamo lo devuelven, los pobres (las pobres más bien) siempre pagan, cabría pensar en un final feliz en el que la persona que recibió el préstamo consigue sacar un rendimiento de su inversión para el crédito y los intereses, pero lo que no nos cuenta la publicidad del GB es la verdad que se oculta detrás de esa baja tasa de morosidad.
Lo cierto es que tras un periodo de malas cosechas, por inundaciones o sequía, o porque la mujer tuvo que gastar el dinero en alimentos para la familia en lugar de hacerlo en la inversión, se inicia una presión de los agentes del GB para que se paguen las cuotas. Cuando una mujer no puede pagar el préstamo, es el grupo de mujeres que la avala el que se hace cargo de la deuda, mujeres que se encuentran como la prestataria, en una situación económica muy precaria, y que supone la ruina para todas ellas, lo que ocasiona el deterioro de la convivencia dentro de la comunidad. Esto ahorra al GB el papel del “malo” (el ejecutor del préstamo) que es asumido por el resto de las mujeres, por lo que aunque el préstamo a GB haya sido devuelto por el grupo de mujeres (al tiempo que ese préstamo pasa a ser para la propaganda del banco, uno más del 98% de préstamos devueltos) éstas, exigen a la prestataria su devolución. Si no tiene bienes materiales que vender, se endeuda nuevamente, muy frecuentemente con usureros locales para devolver el dinero. Si la familia tiene bienes, los venderá para hacer frente al pago. Los bienes que GB nos dice que no exige a sus prestamistas acaban sirviendo para devolver la deuda y sus propias vecinas acaban haciéndose con los animales, la casa o las tierras, incluso por pequeños préstamos. En otros casos, como nos cuentan en el documental de “Caught in Micro-Debt”, la presión conduce a las mujeres al suicidio o a la prostitución.
Estas son las consecuencias después de 30 años del milagro de los microcréditos en la lucha contra la pobreza, un sistema financiado por occidente, miles de familias (6) campesinas han perdido sus tierras, convirtiendo a sus miembros en jornaleros u obligados a emigrar a las ciudades, a la construcción en condiciones de semi-exclavitud en los países del golfo, o como ilegales hacia Europa.
A pesar de que no se ha aportado una sola prueba de que las políticas de microcréditos hayan supuesto una mejora real de las condiciones de vida de las personas más desfavorecidas y de las evidencias contrastadas de las situaciones de ruina económica a la que conduce el endeudamiento, en Valladolid se va a celebrar una Cumbre Mundial del Microcrédito vacía de todo análisis crítico, en la que no se hará ninguna referencia a los efectos negativos del “micro-endeudamiento”, por lo cual denunciamos la utilización de la Cumbre para promocionar un instrumento financiero en medio de una gran crisis económica mundial originada, mantenida y aprovechada por la economía financiera especulativa y sin rostro humano, que es más una oportunidad de negocio para las grandes corporaciones bancarias y empresariales y que sirve para eliminar la responsabilidad política que tienen los gobiernos a la hora de garantizar a todos los pueblos, y especialmente a los más empobrecidos, a los derechos básicos de las personas como son la alimentación, la salud, la educación y el derecho a una vivienda digna.

Marcos Pérez-SODEPAZ BALAMIL
Ilustraciones de Alejandro Romera